Los groenlandeses y los daneses llegan a la Casa Blanca con poco que ofrecer

Bruselas (Euractiv)- A pesar de todo el ruido que ha suscitado la anexión, la crisis de Groenlandia se ha reducido a una incómoda pregunta: ¿hay algo que Copenhague y Nuuk puedan hacer, aparte de entregar la isla más grande del mundo al megapoder militar de Donald Trump?

Esa disyuntiva ocupa ahora el centro de la reunión del miércoles, en la que los ministros de Asuntos Exteriores de Groenlandia y Dinamarca se reunirán con el vicepresidente estadounidense JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio, tras meses de creciente presión.

El martes, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, junto al primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, en Copenhague, reconoció lo que está en juego y advirtió de que «lo más difícil está por llegar» tras lo que describió como «una presión inaceptable» por parte de un aliado cercano. 

Para Copenhague, el cálculo es brutalmente estrecho: cómo evitar perder el 98 % del reino danés ante lo que cada vez más parece una adquisición hostil, sin dar la impresión de bloquear el movimiento de la isla hacia una mayor independencia de Dinamarca, que ya estaba en marcha antes de las propuestas de Trump.

Hasta ahora, la presión de Washington parece estar produciendo dos efectos, en parte contradictorios.

 «Elegimos Dinamarca… elegimos la UE»

«Si tenemos que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca aquí y ahora, elegimos Dinamarca… elegimos la UE», declaró el martes el primer ministro groenlandés, Nielsen, lo que indica que la presión de Estados Unidos ha endurecido la alineación pública de Nuuk con Copenhague en lugar de aflojarla.

Nielsen, hijo de madre groenlandesa y padre danés, fue elegido el pasado mes de abril por su enfoque pragmático de la independencia, según el cual la separación de Dinamarca solo se produciría una vez que la economía de Groenlandia fuera autosuficiente.

A menos que el amplio gobierno de coalición de Nielsen pierda su mayoría, un escenario que parece poco probable, los groenlandeses no acudirán a las urnas para otra elección antes de la primavera de 2029, después de que Donald Trump haya dejado el cargo.

Al mismo tiempo, los diputados de la coalición groenlandesa han cuestionado abiertamente por qué Nuuk no puede hablar con Estados Unidos sin Dinamarca en la sala, lo que lleva al meollo de la cuestión de cuánta autonomía puede ejercer Groenlandia sin llegar a la independencia total.

Pacto de libre asociación

Washington está a punto de poner a prueba esa cuestión. La semana pasada, The Economist informó de que funcionarios estadounidenses estaban elaborando opciones para ofrecer a Groenlandia un «pacto de libre asociación» (COFA), el modelo que Washington utiliza con las Islas Marshall, Micronesia y Palau.

El marco permitiría a Groenlandia ser reconocida en la ONU como un país independiente, algo importante para los responsables políticos de Nuuk. Eso seguiría dejando a Estados Unidos con una gran influencia sobre cómo opera una Groenlandia independiente en la escena mundial.

El principal atractivo de la libre asociación es su flexibilidad, argumentó Rachael Lorna Johnstone, profesora de Derecho Internacional de la Universidad de Akureyri, en Islandia, que ha impartido clases de derecho internacional en Groenlandia durante más de una década. Johnstone afirmó que cualquier acuerdo entre Groenlandia y Estados Unidos no reflejaría necesariamente los modelos existentes.

Tratado de defensa y seguridad limitado

En teoría, podría comenzar con un tratado de defensa y seguridad limitado y luego ampliarse con acuerdos adicionales, que podrían incluir pagos directos similares a la subvención anual de Dinamarca, ya sea como apoyo general o destinado a áreas específicas.

Pero, aunque la libre asociación podría ofrecer a Groenlandia un camino más claro hacia el reconocimiento internacional y una posición más fuerte en política exterior, también profundizaría la pérdida estratégica de Dinamarca, y Copenhague tendría poco control formal sobre la decisión final.

Sin embargo, Johnstone argumentó que Washington ya puede obtener todo lo que quiere, ya sean derechos mineros, dado que Groenlandia ha dicho repetidamente que está abierta a los negocios, o una mayor presencia en materia de seguridad, que ya está garantizada en virtud de un acuerdo de defensa de 1951.

«Podrían haber hecho todo esto pidiéndolo amablemente», dice Johnstone. Estados Unidos lo tiene todo, salvo la propiedad, algo que Trump dijo que es «psicológicamente necesario» para el éxito.

Incluso si las promesas se incluyen en un tratado, señaló Johnstone, Washington puede seguir «pasando por encima» de Groenlandia, especialmente con un presidente que cuestiona abiertamente las restricciones. «¿Cómo se puede decir un día que no se está sujeto al derecho internacional y al día siguiente decir: ¿les gustaría firmar un tratado con nosotros?», afirmó.

La reunión en la Casa Blanca tendrá lugar a las 10:30 hora local, 16:30 hora de Madrid.

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(Editado por mm, jp/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre/Euractiv.es)

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