La radical transformación del periodismo por la IA pasa desapercibida para el escrutinio crítico de los lectores [Advocacy Lab]

Bruselas (Euractiv.com/.es) – La Unión Europea (UE) se enfrenta a una fase decisiva en su combate contra la desinformación, y si algo ha quedado claro en 2025 es que el reto ya no es solo eliminar las noticias falsas que circulan en Internet, sino apostar por una transformación más profunda de la interacción entre periodismo, tecnología y confianza de los lectores.

En los diversos análisis de las redacciones y los comentarios de los medios de comunicación hay un hilo conductor: la inteligencia artificial está cambiando el periodismo más rápido de lo que pensaban las instituciones, los lectores y los políticos, lo cual tiene profundas implicaciones en la confianza de los ciudadanos.

Aceleración del cambio tecnológico

La reflexión del Instituto Reuters sobre cómo el año 2025 ha marcado el periodismo apunta a un año caracterizado por presiones superpuestas: la aceleración del cambio tecnológico, la tensión económica en las redacciones y las crecientes expectativas de que el periodismo actúe como fuerza estabilizadora en entornos de información fragmentados.

En lugar de una única disrupción, el Instituto describe un cambio acumulativo en la forma en que se producen, distribuyen y consumen las noticias, y la confianza se ha convertido en la nueva moneda de cambio que define la profesión.

Sin embargo, la fortaleza de la IA en el mundo del periodismo dista mucho de ser uniforme. Aunque los periodistas suelen expresar su preocupación por la amenaza que supone la IA para sus puestos de trabajo, la ética o la calidad, muchos utilizan herramientas de IA en la práctica, para la transcripción, el apoyo a la investigación o la optimización de contenidos.

Esa brecha entre el escepticismo de los ciudadanos y el uso masivo de esta nueva herramienta ilustra un dilema de confianza más amplio: la IA se está integrando en el mundo laboral sin que se hayan establecido plenamente las normas compartidas sobre su uso.

La importancia del contexto

Las inquietudes en torno a la confianza en la IA son especialmente acuciantes cuando el uso de esta herramienta afecta a la forma en que se presentan los hechos. «Cuando el uso de la IA produce una representación errónea en el texto o en las imágenes, la confianza de los lectores se puede perder muy rápidamente, ya sea por fallos tecnológicos o por un uso irresponsable por parte de los periodistas», explica a Euractiv Paula Gürtler, investigadora asociada del «think tank» CEPS de Bruselas.

Desde el punto de vista ético, la forma cómo se adopta la IA en el periodismo también puede enviar señales claras a los lectores. «Si los periodistas utilizan sistemas de IA generativa que han sido entrenados ilegalmente con contenido periodístico, eso puede enviar una señal de legitimidad: si ni siquiera a los periodistas les importa que sus datos se utilicen sin su consentimiento, ¿por qué debería importarle a nadie más?», añadió Gürtler.

En ese sentido, advierte de que surgen tensiones similares cuando las imágenes generadas por IA entran en la producción de noticias, lo cual puede debilitar la lucha por una remuneración justa y unas condiciones de trabajo dignas para los fotoperiodistas.

Aunque muchos medios de comunicación aplican políticas internas para aumentar la transparencia en torno al uso de la IA, Gürtler advierte de que las normas por sí solas no pueden abarcar todos los escenarios.

«Hay muchas zonas grises, y cada caso tiene consideraciones concretas que no se pueden abordar plenamente solo con políticas organizativas», afirma la investigadora, al tiempo que aboga por una mayor alfabetización mediática crítica en torno a la IA entre los periodistas, incluida la plena comprensión de la política implícita en los sistemas de IA.

Una cuestión de confianza

La cuestión de la confianza ocupa un lugar central en el informe «Generative AI and News Report 2025» de Reuters, que examina cómo perciben el público y los periodistas el papel de la IA en el periodismo.

En ese sentido, el informe muestra una ambivalencia generalizada: los lectores reconocen las potenciales ventajas en eficiencia de la IA, pero la perciben como poco transparente, cuestionan su  precisión y su responsabilidad cuando interviene en la producción de noticias.

Es fundamental señalar que la confianza tiene matices: los lectores aceptan mejor la IA cuando se explica claramente su uso, y permanece bajo control editorial humano.

Esa situación no es nueva, pero la transformación digital la ha amplificado. El Consejo de Europa ha advertido de que el sector de los medios de comunicación europeos se ha «transformado profundamente por la tecnología digital», lo cual ha reconfigurado tanto los modelos de negocio como la relación entre los periodistas y el público.

Por otro lado, el Consejo de Europa  también señala que la digitalización ha debilitado las funciones tradicionales de control de acceso, al tiempo que ha aumentado la exposición a contenidos manipulados, de baja calidad o engañosos, lo cual supone una nueva responsabilidad para el periodismo profesional como salvaguarda democrática.

Desactivar la «bomba de desinformación»

Los comentarios en el interior del ecosistema mediático sugieren una percepción creciente sobre la magnitud del desafío. En ese sentido, Charlie Beckett, director del proyecto JournalismAI de la London School of Economics, sostiene que la «bomba de desinformación» ya no puede desactivarse solo con la verificación de datos.

Por el contrario, el periodismo debe adaptarse a un entorno en el cual las falsedades, las medias verdades y la manipulación del contexto coexisten con la información veraz, a menudo compitiendo por la atención en las mismas plataformas. No se trata de normalizar la desinformación, sino de reconocer que la resiliencia, en lugar de la erradicación, puede ser un objetivo más realista.

Este cambio está estrechamente relacionado con la forma en que la IA está cambiando la relación entre los periodistas y la audiencia. La periodista y académica Margaret Simons señala que las herramientas de IA están alterando no solo los flujos de trabajo de las redacciones, sino también las expectativas de los lectores en cuanto a rapidez, personalización y autoridad.

A medida que la automatización se hace más visible, argumenta la experta, el periodismo corre el riesgo de perder legitimidad si los lectores no tienen claro quién o qué es responsable de la información que consume.

Adaptarse al cambio

En resumen, las fuentes consultadas pronostican una perspectiva clara para 2026. La desinformación no desaparecerá, ni se ralentizará el uso de la IA en el periodismo.

La cuestión central es si Europa puede reforzar la infraestructura de confianza —combinando una gobernanza transparente de la IA, un periodismo resiliente y una audiencia informada— con la suficiente rapidez para adaptarse a los cambios tecnológicos.

Desde un punto de vista ético, lo que está en juego es la democracia.

«La confianza en los medios de comunicación es crucial desde el punto de vista ético porque sustenta el funcionamiento de la democracia. Si el uso de la IA en el periodismo socava esa confianza, tenemos que encontrar formas de reconstruirla rápidamente», afirma Gürtler.

La confianza no es ya un efecto derivado únicamente de la información precisa. Se forma en una fase anterior, por cómo se implementan, explican y gestionan las tecnologías en el mundo del periodismo. En ese sentido, la batalla contra la desinformación en 2026 se decidirá menos por la detección de noticias falsas y más por la reconstrucción de la confianza en los sistemas diseñados para informar a los lectores, según los expertos.

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(Editado por Brian Macguire/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

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