«Adoptar» un robot: ¿Estamos preparados para convivir con una IA «humanoide»?

Bruselas (Euractiv.com/.es) – En un futuro próximo, las pesadas tareas domésticas podrían ser cosa del pasado. Al menos esa es la promesa de un puñado de empresas que empiezan a comercializar robots domésticos humanoides con Inteligencia Artificial (IA).

El objetivo: un robot con forma y tamaño humanos capaz de lavar los platos, tender la colada y ordenar la casa para que no tengas que hacerlo tú.

La empresa 1X, nacida en Noruega y afincada en Estados Unidos, ha puesto en preventa el pasado septiembre un «robot doméstico» para el mercado estadounidense, y promete las primeras entregas este año. Por 20.000 dólares -o una suscripción mensual de 499 dólares-, su robot humanoide NEO vivirá con usted.

La empresa es una de las pocas que se han centrado en gran medida en los humanoides para el hogar, junto a otras dos especializadas como Figure y Physical Robotics. La mayoría de los robots comerciales están diseñados para usos industriales o militares, por lo que los robots domésticos representan una nueva tendencia.

Boston Dynamics, famosa por su perro robot, también trabaja en humanoides. Su primer modelo, «Atlas», está en fase de desarrollo, enfocada en la industria. No obstante, un portavoz de la empresa ha explicado -en entrevista con Euractiv- que en el futuro se estudiará la posibilidad de aplicar esa tecnología al sector servicios, las tiendas, los hospitales y, en última instancia, los hogares.

Elon Musk, el hombre más rico del mundo, también entra en la carrera de los robots humanoides. Se prevé que su empresa, Tesla, ponga en marcha una línea de producción de su robot bípedo Optimus en 2026, inicialmente para uso industrial, pero con los hogares en el punto de mira.

El factor clave de la Inteligencia Artificial Generativa

Los escritores de ciencia ficción llevan mucho tiempo soñando con robots humanoides capaces de hacer todo tipo de cosas por sus amos humanos, no siempre con resultados idílicos. La nueva moda de comercialización que, por fin, ha comenzado está impulsada por los avances en inteligencia artificial. Y, en concreto, por la IA generativa.

El principal obstáculo para los robots humanoides ha sido durante mucho tiempo permitirles realizar diversas tareas en entornos domésticos poco ordenados. Pero los últimos avances en inteligencia artificial generativa han cambiado esa situación, permitiendo pasar de máquinas para tareas específicas a robots de uso más general que pueden adaptar su comportamiento a distintos entornos.

Un avance clave son los modelos de visión-lenguaje-acción (VLA), que permiten a los robots combinar la información visual de las cámaras a bordo con instrucciones humanas para ejecutar las acciones apropiadas.

En ese sentido, el pasado mes de febrero, el fundador de Figure, Brett Adcock, anunció que el modelo de IA específico para robots de su empresa ha avanzado mucho más rápido de lo previsto, adelantando dos años el calendario de lanzamiento.

Pero el auge de los robots de dos patas no significa automáticamente que vayan a ser bienvenidos en los hogares.

Los pros y contras

Además de su elevado coste, la aceptación social es uno de los principales obstáculos para que los robots humanoides entren en los hogares.

Las personas necesitarán tiempo para adaptarse, y las máquinas humanoides entrañan un riesgo especial: al imitar la forma humana, pueden resultar más inquietantes que útiles.

Los robots demasiado parecidos a los humanos pueden provocar un efecto contraproducente, afirma Federico Manzi, profesor adjunto de la Università Cattolica del Sacro Cuore de Milán, especializado en interacciones humano-robot. El experto sostiene que esa sensación de malestar puede «modularse» con nuestra experiencia con el robot, suponiendo que nos guste lo que vemos.

La aceptación no depende únicamente de la apariencia. Depende del contexto: de las personas que rodean al robot, del entorno en el que se encuentra y de las tareas que realiza. «Si un robot funciona bien, la sensación de inquietud que produce tenerlo en casa puede reducirse», afirma Manzi, aunque su diseño siga siendo más mecánico que humano.

La privacidad es otro obstáculo importante. Los robots humanoides suelen utilizar cámaras y sensores, lo que plantea problemas de vigilancia en espacios privados. Este problema es especialmente grave porque los primeros robots domésticos aún no son totalmente autónomos y siguen dependiendo de la supervisión humana.

En el caso del robot humanoide NEO de 1X, por ejemplo, los empleados que llevan cascos de realidad virtual pueden tomar el control de la máquina a distancia para ayudar con las tareas y la formación, lo cual significa que un operador humano puede, a veces, estar presente dentro de la casa a través del robot.

Sensación de ser observado todo el rato

Joanna Stern, periodista del Wall Street Journal, que probó el robot humanoide NEO de 1X antes de su lanzamiento, resumió así la situación: el coste oculto de la comodidad es la pérdida de privacidad.

Los hogares se convierten en entornos de entrenamiento. 1X ha sugerido que cuanto más tiempo pase NEO realizando tareas en diferentes hogares, mejor será su IA, lo cual se traduce en que la vida doméstica se reutiliza como datos para el entrenamiento de modelos comerciales.

Aunque esta perspectiva puede generar inquietud, no es del todo nueva. Los dispositivos para tareas específicas, como los robots aspiradores o los asistentes de voz como Alexa de Amazon, ya recopilan datos en muchos hogares, a menudo para mejorar sus sistemas de IA subyacentes.

Pero los robots autónomos de pleno derecho podrían tener acceso a mucho más del espacio doméstico ya que son físicamente móviles y contienen muchos más sensores que otros dispositivos domésticos.

Según Kathrin Gardhouse, de la organización sin ánimo de lucro Future Society, eso plantea serios problemas de privacidad. «Son una presencia constante en el hogar (…) están equipados con sensores que pueden grabarlo todo, incluidos tus momentos más íntimos», explica.

En su opinión, la categoría de productos tendrá que integrar elementos de privacidad en el diseño, entre ellos procesar y almacenar los datos localmente en lugar de enviarlos a los servidores de las empresas, para lograr una aceptación generalizada.

Normas de privacidad y seguridad de la UE

Los robots domésticos también tendrán que cumplir la legislación de la Unión Europea (UE) en vigor sobre privacidad, seguridad e inteligencia artificial.

El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) regula cómo se recopilan y utilizan los datos personales. Para la formación en IA, la Comisión Europea propuso recientemente permitir a los desarrolladores de IA utilizar explícitamente datos personales si tienen un interés legítimo para hacerlo. Pero es probable que esa relajación de las normas solo aumente la preocupación de los europeos por compartir su espacio personal con un procesador de datos ambulante.

Los robots domésticos también plantean riesgos de ciberseguridad. Como cualquier dispositivo conectado, pueden ser blanco de piratas informáticos que busquen acceder a datos personales o incluso controlar a distancia el propio robot, convirtiéndolo en una herramienta de vigilancia itinerante en el seno del hogar.

La Ley de Ciberresiliencia de la UE apunta a enfrentar esas amenazas imponiendo requisitos de ciberseguridad a los productos conectados antes de que lleguen al mercado, y los robots humanoides entran de lleno en su ámbito de aplicación. Sin embargo, persisten las dudas.

En ese sentido, Gardhouse advirtió de que los sistemas avanzados de inteligencia artificial ya han demostrado su capacidad para eludir sus propias salvaguardias en entornos de prueba.

«El peor escenario podría ser que tuviéramos un robot doméstico con acceso total a todos nuestros datos, a nuestra casa, a nuestros dispositivos… y que no tuviéramos ningún control sobre él porque nos bloqueara», advirtió.

En este caso, la legislación de la UE aún podría tener algunas respuestas.

La Ley de Inteligencia Artificial de la UE impone controles más estrictos a los modelos de propósito general que plantean riesgos sistémicos. Las empresas deben hacer un esfuerzo adicional para mitigar los riesgos. Así que si los modelos de IA que impulsan los robots domésticos entran en esta categoría, podrían enfrentarse a controles más estrictos.

La Comisión Europea propuso recientemente retrasar estas normas para las IA de alto riesgo, por lo cual no empezarían a aplicarse el próximo verano, como estaba previsto, sino dentro de unos años.

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(Editado por Victoria Becker/Charles Szumski/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

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