Pristina (Euractiv)- El domingo 28 de diciembre tendrán lugar elecciones anticipadas en Kosovo, que preparan el terreno para una nueva ronda de formación de gobierno después de que el primer ministro nacionalista Albin Kurti fracasara anteriormente en el intento.
Los resultados de las elecciones podrían poner a prueba el compromiso de Kosovo con las exigencias de la UE, sobre todo en relación con la minoría serbia. Bruselas ha pedido constantemente a Kosovo, que solicitó su adhesión a la UE en 2022, que respete un acuerdo de 2013 por el que se crearían zonas autónomas de autogobierno en las regiones de mayoría serbia. Los funcionarios de la UE consideran que la aplicación del acuerdo y la formación de la denominada Asociación de Municipios Serbios (ASM) son vitales para la eventual integración de Kosovo en la UE.
Pero la mayoría albanesa de Kosovo, que declaró unilateralmente su independencia de la vecina Serbia en 2008, ve en la ASM una forma de que Belgrado socave la soberanía de Kosovo. Eso ha sido especialmente cierto bajo Kurti y su Partido de la Autodeterminación, Vetevendosje, que ha utilizado su presencia en el poder para cimentar el control albanés de las zonas de mayoría serbia y abandonar los compromisos que Kosovo adquirió con Bruselas. Su contumacia ha provocado repetidas tensiones con la UE, llevando las relaciones a mínimos históricos.
Ahora, debido al bloqueo político en Pristina, la comunidad internacional espera que Kosovo tenga un nuevo líder más abierto a las posicioners políticas de la UE. Pero las encuestas son escasas y es posible que las elecciones no den más que quebraderos de cabeza a Bruselas.
Periodo especialmente tenso
Las elecciones se celebran tras un periodo especialmente tenso en las relaciones entre albaneses y serbios, que ha provocado una creciente frustración en Europa.
La violencia estalló en el norte de Kosovo en 2022, en medio de una disputa sobre si los serbios -que aún se niegan a reconocer la independencia de Kosovo de Belgrado- se verían obligados a utilizar matrículas emitidas por Kosovo en sus vehículos. Lo que siguió fue un boicot electoral por parte de los serbios de Kosovo, que esperaban presionar a los funcionarios de Pristina para que negociaran. Alrededor de 600 agentes de policía de etnia serbia y 144 funcionarios judiciales también dimitieron en masa ese año.
Sin embargo, en lugar de negociar, el partido gobernante Vetevendosje aprovechó la oportunidad para instalar alcaldes de etnia albanesa en municipios de mayoría serbia. Pristina también empezó a cerrar por la fuerza instituciones serbias como oficinas de correos y polideportivos, que debían integrarse en las instituciones de Kosovo a través de la ASM. Bruselas respondió en 2023 cortando la ayuda financiera a Pristina.
Este año, sin embargo, los políticos serbios volvieron a presentarse a las elecciones en Kosovo. En las elecciones locales de octubre, el partido político de etnia serbia Srpska Lista ganó en todos los municipios de mayoría serbia.
Levantar las restricciones financieras
La vuelta de los serbios al gobierno municipal fue una de las principales condiciones de la UE para levantar las restricciones financieras, y Bruselas liberó parte de la financiación a Kosovo el 5 de diciembre.
Sin embargo, esa misma semana, la comisión electoral de Kosovo prohibió a Srpska Lista participar en las próximas elecciones parlamentarias nacionales del 28 de diciembre. La UE y otros actores internacionales criticaron duramente la «politización» que «socava el proceso inclusivo» y exigieron que se permitiera presentarse a Srpska Lista. El partido fue readmitido en apelación, pero el enfrentamiento con Bruselas continúa.
Otro símbolo de las tensiones en ciernes es que Kurti no reconoce a la Iglesia ortodoxa serbia. Esta es una de las mayores propietarias de inmuebles en Kosovo, con cientos de monasterios e iglesias de la Alta Edad Media. Muchos serbokosovares consideran que la iglesia es su institución de mayor confianza y un punto central de su identidad, y alrededor del 80 % quiere que la iglesia represente sus intereses en las negociaciones de normalización entre Serbia y Kosovo.
Ocupación de iglesias ortodoxas serbias
Recientemente, propiedades de la Iglesia ortodoxa serbia han sido ocupadas por individuos que afirman que las iglesias vacías o en ruinas son, en realidad, de etnia albanesa. Las ocupaciones parecen estar produciéndose con el permiso tácito de las autoridades de Kosovo.
A pesar de los numerosos acuerdos internacionales que obligan al gobierno de Kosovo a reconocer a la Iglesia ortodoxa serbia, los funcionarios de Pristina se han negado a hacerlo.
Veton Surroi, antiguo diputado del Parlamento de Kosovo, señaló que la entrada en los edificios viola el marco legal del Plan Ahtisaari, que sirvió de base para la Constitución de Kosovo. Rechazar los términos del plan significa ignorar el acuerdo que permitió a Kosovo convertirse en un Estado independiente, afirmó Surroi.
En un discurso pronunciado en julio de 2025 , Kurti afirmó que el gobierno había «despolitizado la integración de los serbios en Kosovo, no mediante acuerdos entre bastidores con actores turbios, sino mediante la ley, el orden, la profesionalidad y la meritocracia».
Pero Milica Andrić Rakić, representante de la organización de política local Nueva Iniciativa Social, afirmó que Kurti rechaza desde hace tiempo los acuerdos negociados facilitados por la UE. Gran parte de la identidad del partido es el lema «Jo Negociata» (No a la negociación). «Sin duda, con sus acciones han echado por tierra acuerdos anteriores», afirmó.
Problema de credibilidad para la UE
La negativa del gobierno de Kosovo a aplicar los términos de diversos acuerdos internacionales ha creado un problema de credibilidad para la UE, que desde hace tiempo apoya la estatalidad de Kosovo, no reconocida por parte de España.
James Ker-Lindsay, profesor y experto en soberanía nacional, afirmó que en este punto la UE ha perdido su influencia en Kosovo. «La UE no puede hacer nada», afirma Ker-Lindsay. «Si deja de reconocer a Kosovo como Estado independiente, lo cedería legalmente a Serbia. Pero un futuro acuerdo entre Kosovo y Serbia parece muy difícil de imaginar ahora».
Con las nuevas elecciones a la vuelta de la esquina y el eventual retorno de los serbios al poder parlamentario, 2026 podría ser tumultuoso para Kosovo. Y no está claro si Bruselas puede hacer mucho para cambiar los hechos sobre el terreno, o hacer avanzar a Pristina en su camino hacia la Unión Europea.
(Editado por cm, cp/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Eurcativ.es)
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