Bruselas (Euractiv)- En 2026 se celebrarán decenas de elecciones nacionales, regionales y locales en toda Europa. Pero muchos de los mensajes que llegan a los votantes son cada vez más sintéticos, creados por máquinas y no verificados por nadie.
Caras creadas por inteligencia artificial, conflictos rectreados y nostalgia diseñada para fomentar la participación circulan ahora como material de campaña estándar en toda la Unión. En algunos casos, actores extranjeros también interfieren en las elecciones nacionales y despliegan personajes virtuales para dirigir a los votantes.
Para contrarrestar esta amenaza, Bruselas ha tratado de mantener el paso elaborando la normativa digital más estricta del mundo, la Ley de Servicios Digitales. Sin embargo, a medida que se aceleran las elecciones, los legisladores se están dando cuenta de que redactar leyes es más fácil que gobernar el algoritmo, y que la política impulsada por la IA se está extendiendo a un ritmo difícil de seguir.
IA generativa y deepfakes
En las elecciones europeas, la IA generativa, la «bazofia de IA» y los deepfakes forman ahora tres capas apiladas de influencia política digital.
Los deepfakes -audios o vídeos manipulados que se atribuyen falsamente a personajes reales- siguen siendo una amenaza de alto riesgo y bajo volumen, que se intensificó brevemente en lugares como las elecciones presidenciales irlandesas de 2025 .
La IA hace el trabajo sucio: facilita la producción industrial de imágenes y vídeos sintéticos baratos y cargados de emotividad que dramatizan la migración, la delincuencia y la decadencia social. Este contenido domina ahora los canales de recomendación, sobre todo en TikTok, impulsado en gran medida por cuentas de IA monetizadas en lugar de campañas oficiales.
En este ecosistema, la IA generativa -texto, imágenes y música creados artificialmente a partir de instrucciones básicas- funciona como multiplicador, acelerando las narrativas polarizadoras más rápido de lo que la maquinaria reguladora europea puede responder.
Contenido repetitivo y provocador
El uso de la IA existe en todo el espectro político. Sin embargo, el vocabulario político de la extrema derecha -palabras, entre otras, como identidad, amenaza, asedio cultural- encaja casi a la perfección con lo que recompensan los algoritmos: contenido repetitivo y provocador.
Ya están apareciendo pruebas del impacto de la IA en las elecciones. Durante las elecciones nacionales francesas de 2024, los investigadores de la organización sin ánimo de lucro AI Forensics identificaron unas 60 publicaciones políticas generadas totalmente por IA en cuentas oficiales de partidos de todo el espectro político francés, principalmente en Instagram y Facebook.
Esto llenó las redes sociales de horizontes distópicos, ciudades que se derrumbaban y escenas de migración hiperrealistas diseñadas para ser sentidas, no verificadas.
Respuesta emocional
«No se trata tanto de convencer a la gente de lo que es falso o real… Se trata más bien de obtener una respuesta emocional: miedo, escándalo, conmoción», explica a Euractiv Natalia Stanusch, investigadora de AI Forensics.
En Alemania, los candidatos evitaron en gran medida el uso de IA generativa en las elecciones federales de 2025, pero las redes de seguidores de TikTok abrazaron los visuales nacionalistas sintéticos. En Hungría, que se prepara para unas elecciones muy reñidas en 2026, los perfiles falsos de jóvenes atractivos han alimentado a los usuarios con mensajes progubernamentales.
Moldavia, por su parte, ofreció un anticipo de la interferencia de IA extranjera de amplio espectro. Redes vinculadas a Rusia desplegaron «abuelas» sintéticas en TikTok instando a los votantes a apoyar a candidatos sustentados por el Kremlin, según un informe publicado por el centro de periodismo rumano Mediacritica, que rastrea la desinformación.
Propaganda a gran escala
Hace unos años, Bruselas temía que un deepfake pudiera derribar un gobierno de la noche a la mañana. Ese momento nunca llegó. Lo que sí llegó fue mucho más difícil de combatir: la propaganda de IA a gran escala.
Sobre el papel, la UE ha construido una defensa seria: la Ley de Inteligencia Artificial clasifica la manipulación política como actividad de «alto riesgo», que exige transparencia y supervisión por parte de las autoridades nacionales y la nueva Oficina Europea de Inteligencia Artificial. La Ley de Servicios Digitales obliga a las grandes plataformas a que reduzcan los riesgos relacionados con las elecciones. Otros planes y códigos de la UE añaden normas para los anuncios políticos y la desinformación en línea.
En realidad, las grandes plataformas como TikTok conservan un amplio margen de discrecionalidad para determinar lo que se considera manipulación, lo que les da un control significativo sobre cómo se aplican las normas.
No hay forma fiable de medir cuántos contenidos generados por IA circulan sin ser detectados o no se denuncian, y la implementación de las normas sigue siendo el eslabón más débil del sistema.
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(Editado por mm, cm/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.es)
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