La UE se enfrenta al reto de conjugar un transporte por carretera sostenible y económicamente viable

Bruselas (Euractiv.com.es) – El transporte por carretera se ha convertido en una prueba de resistencia para la credibilidad de Europa, al tiempo que los esfuerzos del bloque comunitario por reducir las emisiones de C02 entran en una fase decisiva. Se trata del único sector en el cual las emisiones contaminantes aumentan a pesar de que la electricidad, los edificios y la industria se mueven gradualmente a la baja.

La mayoría de los turismos y casi todos los camiones siguen funcionando con combustibles fósiles y, con una vida útil de más de una década, cada año de retraso determina el perfil de emisiones de la década de 2030. El riesgo ya no es simplemente no alcanzar los objetivos, sino quedar atrapados en una década de contaminación adicional con consecuencias a largo plazo para el resto de sectores de la economía.

El impulso a la electrificación

En ese sentido, una nueva evaluación del ciclo de vida realizado por el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) concluye que los turismos eléctricos vendidos en la UE ya superan en emisiones a los vehículos de gasolina y diésel, incluso si se tiene en cuenta la fabricación y el mix eléctrico actual.

A medida que el sector energético se descarboniza, la ventaja aumenta, lo que convierte a los vehículos eléctricos en una inversión más sólida a largo plazo tanto para los consumidores como para la industria y los gobiernos.

En el transporte de mercancías, tradicionalmente considerado el segmento más difícil de transformar, los aspectos económicos están cambiando con la misma rapidez. Un estudio sobre el coste total de propiedad muestra que los camiones eléctricos de baterías serán competitivos con los diésel en muchas rutas durante esta década, especialmente si se tienen en cuenta el combustible, el mantenimiento y la recarga en las comparaciones de costes. Lo que antes parecía tecnológicamente lejano se ha convertido en una realidad del mercado a corto plazo.

Por otro lado, otros trabajos académicos subrayan que los camiones de emisiones cero son técnicamente viables y comercialmente aprovechables. En las operaciones de larga distancia, los camiones eléctricos de batería y los de pila de combustible de hidrógeno pueden competir con los diésel tanto en emisiones durante su vida útil como en costes, siempre que cuenten con la infraestructura adecuada.

Reforzar el sistema energético

En ese sentido, investigaciones recientes sugieren que la electrificación aporta beneficios más allá del sector del transporte. Un estudio de modelización para 2025 que abarca 33 países europeos concluye que la electrificación total del transporte terrestre es óptima en términos de costes incluso sin limitaciones climáticas estrictas.

Coordinando la recarga de los vehículos eléctricos con la producción de energías renovables, Europa puede reducir la necesidad de almacenar baterías estacionarias y disminuir los costes de los sistemas energéticos. Los autores del estudio calculan que la flexibilidad del vehículo podría minimizar las inversiones necesarias para estabilizar la red.

A menudo se ignora la interdependencia entre las políticas de transporte y electricidad. La movilidad eléctrica no sólo depende de un sistema energético limpio, sino que contribuye activamente a crearlo. Con la expansión de la energía eólica y solar, la recarga de vehículos eléctricos se convierte en un instrumento para equilibrar la demanda e integrar la generación variable, una ventaja del sistema que los vehículos de combustión interna no pueden ofrecer.

Los costes del retraso

Otro análisis de la misma comunidad de investigadores pone de relieve los riesgos de ir demasiado lentos. El estudio concluye que posponer la electrificación a gran escala podría aumentar los costes de todo el sistema en cerca de 126.000 millones de euros al año, al trasladar la carga de la descarbonización a los edificios, la industria y la agricultura.

Esos sectores se verían obligados a compensar las reducciones no logradas en el transporte por carretera, lo que crearía tensiones políticas y exigiría intervenciones mucho más contundentes más adelante.

Las instituciones de la Unión Europea (UE) también han expresado su preocupación por el ritmo de la transición. El Tribunal de Cuentas Europeo ha advertido en un informe sobre la recarga de vehículos eléctricos que la infraestructura está «desigualmente desplegada» en los Estados miembros, lo que complica los desplazamientos transfronterizos y socava los objetivos climáticos de la UE.

Por otra parte, la Agencia Europea de Medio Ambiente señala que las emisiones del transporte siguen aumentando, a pesar de las reducciones en el resto de sectores importantes, lo cual refuerza la urgencia de un cambio estructural.

En resumen, esas conclusiones sugieren que la indecisión es muy perjudicial: aumenta los costes, debilita la estrategia industrial de Europa y se corre el riesgo de aumentar las diferencias entre los Estados miembros.

Acelerar la electrificación

La investigación apunta en una dirección clara: Europa no carece de tecnologías, vías o justificación económica para descarbonizar el transporte por carretera: falta adaptar la aplicación de las políticas a las pruebas científicas y económicas.

La electrificación se tiene que acelerar en paralelo al despliegue a gran escala de la infraestructura de recarga, especialmente para los vehículos pesados. La aplicación nacional de la normativa de la UE, incluidas las nuevas normas de CO2 y el Reglamento sobre infraestructuras de combustibles alternativos, determinará si la transición tiene éxito o se estanca.

Al mismo tiempo, la política de transportes no puede centrarse únicamente en los vehículos. La planificación urbana, el transporte público y las inversiones en movilidad activa son esenciales para reducir la demanda y mejorar la accesibilidad. Los estudios demuestran que la electrificación, aunque necesaria, no conseguirá por sí sola la reducción de emisiones para 2030.

Europa se enfrenta a una elección estratégica. Las pruebas hasta la fecha apuntan a una vía tecnológicamente madura, económicamente racional y  beneficiosa, siempre que se acelere el ritmo. Si la UE aprovecha esta oportunidad, no sólo determinará su futura política climática, sino también su competitividad, seguridad energética y cohesión social en los próximos años, según los expertos.

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(Editado por BM/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

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