Los exportadores europeos cargan contra las exigencias normativas del polémico acuerdo comercial UE-EE.UU.

Bruselas (Euractiv.com) – El polémico acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos gestado el pasado mes de julio en Escocia enfrenta críticas cada vez más fuertes por parte de responsables políticos y empresas exportadoras europeas, que advierten de que el pacto impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, no es justo ni sostenible para los intereses del bloque comunitario europeo.

En ese sentido, en el marco de una reciente conferencia organizada en Bruselas por Euractiv.com sobre el «Futuro del comercio de productos industriales – Consecuencias del acuerdo comercial UE-EE.UU.», varios ponentes describieron un panorama desolador de crecientes obstáculos burocráticos, escalada de aranceles y errores estratégicos que podrían cambiar profundamente el panorama industrial europeo.

La vicepresidenta de la comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, Kathleen Van Brempt (del grupo de los socialistas y demócratas, S&D, la segunda fuerza en Estrasburgo tras el Partido Popular Europeo, PPE), expresó una opinión muy crítica con el pacto comercial. «No es un acuerdo comercial  (…) no es un buen acuerdo. No es justo ni equilibrado», afirmó.

Por otro lado, Van Brempt confirmó que el Parlamento Europeo presentará enmiendas al texto, incluida una cláusula de suspensión, una cláusula de caducidad y varias salvaguardias para mitigar las consecuencias económicas del pacto para la UE. 

Su visión negativa del acuerdo también incluye las implicaciones geopolíticas del texto para Europa.

«Nos vemos obligados a invertir y comprar en Estados Unidos (…) es muy importante que tengamos una verdadera estrategia de seguridad económica y dependamos menos del resto del mundo en lo que respecta a nuestras necesidades básicas», señaló.

Fracaso estratégico

Por su parte, Georg Riekeles, director asociado del «think tank» de Bruselas European Policy Centre (EPC), se hizo eco de las palabras de  Van Brempt y calificó el acuerdo de «error político significativo de proporciones históricas».

En ese sentido, afirmó que la UE ha desaprovechado un momento geopolítico clave. «Entramos en este acuerdo por Irlanda y las grandes tecnológicas y Alemania y la industria automovilística (…) la UE no aprovechó su momento geopolítico», subrayó.

Además, Riekeles advirtió de que el bloque europeo está ahora «arrinconado geopolítica y geoeconómicamente», y carece de voz en las negociaciones globales.

Un ejemplo de la fragilidad de Europa es su creciente dependencia de materias primas y semiconductores esenciales, según señaló el investigador. «Las empresas europeas han estado a punto de frenar su producción porque se les ha impedido el acceso a chips esenciales o minerales críticos», aseguró.

Colapso de las exportaciones y carga burocrática

Para el sector europeo de la maquinaria industrial, las consecuencias ya son visibles.

La vicepresidenta de la plataforma europea del sector, VDMA, Verena Thies, calificó de «paralizante» el marco legal estadounidense relacionado con los aranceles de la Sección 232 sobre los derivados del acero y el aluminio.

«Los aranceles estadounidenses aplicados en agosto en virtud de la Sección 232 afectan ahora al 40% de las exportaciones de maquinaria de la UE. En diciembre, esta cifra podría aumentar hasta el 56%, lo que generaría mayores costes y una burocracia compleja», advirtió.

«Tenemos que documentar el contenido del acero y el aluminio y su origen (…) nuestras máquinas tienen tamaños de 12 a 16 metros con varios miles de piezas, y sencillamente no podemos cumplir estos requisitos», lamenta Thies.

Hay muchos temas sustanciales en juego. El incumplimiento de las normas puede desembocar en aranceles punitivos de hasta el 200%, lo cual forzaría a algunas empresas a suspender totalmente sus exportaciones, según varios expertos.

«Algunas de nuestras empresas afiliadas ya han interrumpido sus exportaciones porque temen cometer errores burocráticos», asegura Thies, al tiempo que señala que las exportaciones alemanas de maquinaria a Estados Unidos han caído un 18,5% interanual.

Por ello insta a la UE y a Estados Unidos a renegociar el acuerdo y a «eximir a la ingeniería mecánica de los aranceles derivados del acero y el aluminio».

Un frágil «salvavidas»

A pesar del descontento generalizado, los principales grupos empresariales europeos creen que el acuerdo con Estados Unidos es un mal menor, ya que al menos se ha logrado evitar una dura guerra comercial transatlántica.

«No apoyamos la aplicación de aranceles generalizados, pero hemos decidido respaldar el acuerdo marco UE-EE.UU. porque creemos que en este momento es la mejor forma de avanzar (…) la alternativa desde el punto de vista económico era bastante nefasta», asegura Thibaut L’Ortye, director senior de AmCham EU en Bruselas.

«Lo fundamental ahora es centrarse en la aplicación del acuerdo (…) incluidas las propuestas que se estudian en el Parlamento Europeo y en los Estados miembros», sostiene L’Ortye, al tiempo que advierte de que las cláusulas de extinción podrían socavar la previsibilidad del pacto.

«Lo que oigo es básicamente que traerán más inestabilidad y falta de previsibilidad para las empresas», señala.

En defensa del pragmatismo

Por su parte, Matthias Jorgensen, jefe de unidad para Estados Unidos y Canadá de la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea, defendió el planteamiento de Bruselas, que calificó de compromiso necesario para evitar una escalada. «Había mucha inestabilidad y riesgo de una espiral negativa de represalias al otro lado del Atlántico (…) por eso actuó la Comisión», subrayó.

Jorgensen esbozó las tres prioridades de Bruselas en relación con el acuerdo:

  • Cumplir los compromisos mediante el proceso legislativo de la UE.
  • Hacer que EE.UU. cumpla sus promesas, incluidos los límites arancelarios y las exenciones.
  • Avanzar en la aplicación de la Declaración Conjunta UE-EE.UU., en especial con una mayor cooperación en materia de aranceles y barreras no arancelarias, normas, seguridad económica y resistencia de la cadena de suministro.

Aunque admitió las deficiencias del pacto relacionadas con el acero y el aluminio, Jorgensen insistió en que el acuerdo ofrece «un buen grado de certidumbre y estabilidad (…) sin duda un lugar mejor que a principios de año».

En ese sentido, confirmó que Bruselas está presionando a Washington para que respete un límite arancelario del 15% en todas las investigaciones de la Sección 232, incluidos los productos sanitarios. «Tenemos claro que hay un amplio techo del 15% (…)la prueba de fuego será lo que salga de las numerosas investigaciones de la Sección 232», subrayó.

Las declaraciones de Jorgensen fueron realizadas antes de la visita a Bruselas, el pasado 24 de noviembre, del Representante de Comercio de Estados Unidos, Jamieson Greer, y del Secretario estadounidense de Comercio, Howard Lutnick. Sus palabras, en el marco del debate de Euractiv, no representan necesariamente la posición oficial de la Comisión Europea.

Negociar en un mundo de constantes presiones

«Estados Unidos ha entrado de lleno en una lógica de coerción (…) ya no estamos en un mundo de cooperación (…) basado en normas», advirtió Riekeles. Por su parte, Van Brempt subrayó que incluso con los Demócratas (en la etapa del presidente Joe Biden) se mantuvieron los comportamientos proteccionistas. «No cambiaron las políticas que Trump puso en marcha (…) solo las suavizaron o suspendieron», según Van Brempt. «Deberíamos haber puesto en marcha el motor del instrumento contra la coacción (…) no lo hicimos. La Comisión no hizo nada», lamentó.

Diversificación y competitividad

Por otro lado, en el marco del debate, se subrayó la necesidad de aplicar reformas estructurales. «La política comercial es buena, pero no es una panacea», comentó Jorgensen, al tiempo que instó a avanzar en la unión de los mercados de capitales, la integración interna y la simplificación normativa. Van Brempt abogó por acelerar las negociaciones comerciales y reforzar las salvaguardias. «Si queremos ser más duros, tenemos que ser más flexibles (…) sobre todo a la hora de presentar acuerdos comerciales al Parlamento», afirmó el experto.

«El libre comercio superará sin duda al aislamiento del mercado (…) Mercosur, Indonesia, India, México (…) la diversificación es clave en estos tiempos difíciles», comentó Thies. «Con la reducción o los ataques al Pacto Verde, estamos haciendo exactamente lo contrario de lo que deberíamos hacer», señaló por su parte Van Brempt.

¿Frágil tregua o preludio de una ruptura?

Riekeles dibujó un panorama preocupante. «Este no es un acuerdo estable (…) tenemos que prepararnos para que esto fracase», vaticinó.

Su petición para que se aplique una cláusula de extinción -quizás ampliada a 36 meses- refleja un consenso más amplio de que el acuerdo comercial es un parche, no una solución.

Bruselas se enfrenta a un delicado ejercicio de equilibrismo: preservar los lazos transatlánticos y defender a la industria europea de aranceles punitivos, y cambios de política impredecibles. Si la UE puede convertir este controvertido acuerdo en una plataforma para una cooperación más profunda, o si se convierte en un cuento con moraleja sobre un error de cálculo geopolítico, será lo que defina el próximo capítulo del comercio mundial.

Este artículo está relacionado con la conferencia «Futuro del comercio de productos industriales – Consecuencias del acuerdo comercial UE-EE.UU.«, que ha contado con el apoyo de la VDMA.

///

(Editado por Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

The post Los exportadores europeos cargan contra las exigencias normativas del polémico acuerdo comercial UE-EE.UU. appeared first on Euractiv.es.