Milán (Euractiv)- Gran parte del calamar que se distribuye en restaurantes, pescaderías y supermercados de toda Europa no es de origen europeo, según revela un informe que ha analizado el ADN de cefalópodos vendidos en Bruselas y Milán.
Según un informe publicado el jueves por la ONG Oceana, los productos a base de calamar suelen etiquetarse erróneamente como europeos incluso cuando las muestras de ADN demuestran que proceden de miles de kilómetros de distancia.
El calamar es el cefalópodo más consumido en la UE, pero la Unión solo aporta el 12 %. Además, este popular molusco europeo suele llegar a Europa en buques pesqueros que faenan en aguas lejanas, utilizan mano de obra forzada e incumplen la normativa local.
Etiquetado de origen falso
El nuevo muestreo de ADN, realizado en colaboración con el Centro de Estudios Veterinarios de la Universidad de Pisa, reveló que las etiquetas de los calamares suelen omitir información sobre el origen del producto o indicar datos falsos, lo que sugiere un etiquetado incorrecto generalizado.
Los investigadores recogieron 100 muestras de calamares en Milán y 100 en Bruselas, repartidas a partes iguales entre restaurantes, pescaderías y supermercados. Casi tres cuartas partes de los calamares (71 %) se habían capturado supuestamente en el Atlántico nororiental o el Mediterráneo, cuando en realidad pertenecían a especies originarias del Pacífico, el Atlántico suroccidental o el Índico.
Desde las aguas de Perú hasta las Islas Malvinas y África Occidental, miles de buques pescan distintos tipos de subespecies de calamar, que luego llegan a las pescaderías de la UE. El año pasado, solo China capturó el 36 % de los calamares del mundo. China es, con diferencia, la mayor flota que pesca calamar, con 1,1 millones de toneladas solo en 2022.
Vigilancia escasa
La pesca no regulada e indocumentada es habitual en la pesquería de calamar, especialmente entre las flotas de aguas lejanas como las del Pacífico. La escasa vigilancia y capacidad para hacer cumplir la ley hacen que estas cadenas de suministro sean especialmente vulnerables al fraude. Muchos buques, por ejemplo, ignoran la legislación nacional que rige las aguas en las que faenan.
Varias investigaciones han revelado ya detalles sobre la turbia cadena de suministro del calamar. Las flotas asiáticas de aguas lejanas suelen ser responsables de las capturas, en las que los marineros de cubierta se ven obligados a permanecer a bordo durante meses, trabajando y viviendo en condiciones inadecuadas, y a menudo sin contacto con el mundo exterior.
Según las normas de la Organización Común de Mercados (OCM) de la Unión Europea para los productos de la pesca y la acuicultura, el producto fresco, congelado y ahumado, entero o en filetes, debe etiquetarse con información sobre el nombre de la especie, el origen y el método de captura. Para los artículos no preenvasados, los vendedores pueden utilizar carteles.
En una pescadería tradicional de Milán, ciudad que alberga el mayor mercado mayorista de pescado de Italia, el producto está estrictamente etiquetado según las normas de la OCM. El propietario declaró a Euractiv que las etiquetas irregulares pueden costarle miles de euros en multas. «En el caso de los restaurantes, es otra historia», refunfuña.
Restaurantes y hoteles
Los restaurantes, cafeterías y hoteles no tienen obligación de facilitar información sobre la especie o su origen, a pesar de que representan aproximadamente el 30 % de la venta europea de marisco. Según el estudio de Oceana, las muestras de ADN de restaurantes y comedores presentaban el mayor índice de etiquetado incorrecto y de falta de información.
Según los resultados de la organización, el 65 % de los restaurantes desconocía o daba respuestas muy vagas sobre el origen de los calamares servidos. Las muestras de ADN no coincidían con los orígenes mencionados en el menú y por los empleados en el 20% de los casos en Milán y el 28 % en Bruselas, donde las marisquerías de la céntrica plaza Sainte Catherine son un rasgo distintivo de la ciudad. En la capital europea, los análisis se realizaron en los barrios de la UE y en el centro de la ciudad.
Calamares «mediterráneos» del Pacífico
«Hay que confiar en el proveedor», dijo el chef de uno de los restaurantes del centro. El restaurante vendía calamares etiquetados como mediterráneos que en realidad procedían del Pacífico. «Mi proveedor me envía la mercancía y me dice que procede de ese lugar», añadió el chef. «Está etiquetado con la trazabilidad del producto, así que no voy a buscar yo mismo el origen».
Aproximadamente la mitad del producto vendido en las pescaderías de Bruselas carecía de información, lo que supone una violación de los requisitos de la OCM.
En Milán, el calamar europeo solo estaba disponible en 4 de 32 restaurantes. En Bruselas, más de la mitad de las muestras pertenecían a potón del Pacífico (Dosidicus gigas), una especie del Pacífico oriental, especialmente pescada por las flotas chinas de altura frente a las costas de Ecuador, Perú y Chile.
España, el mayor importador
España desempeña un papel dominante en el mercado europeo del calamar, con el puerto gallego de Vigo como principal puerta de entrada de las importaciones. Una parte importante se reexporta dentro de la Unión.
Los buques españoles, a menudo con bandera de las Islas Malvinas, son responsables del mayor volumen de importaciones de calamar en España, donde desembarcan unos 69 millones de kilos. Por detrás de España se sitúan Marruecos, India y China, según el Observatorio Europeo del Mercado de los Productos de la Pesca y de la Acuicultura (EUMOFA).
Las Islas Malvinas son el principal proveedor de la UE de calamar patagónico de aleta larga y de calamar argentino de aleta corta. Aunque en la práctica, los propietarios efectivos de las flotas son españoles. Italia es el principal receptor de la reexportación española de calamar, con 39 millones de kilos registrados en 2024.
El Loligo vulgaris, conocido como calamar europeo, solo se encontró en 11 de las 100 muestras de Milán y en 6 de Bruselas. A pesar de su nombre, la especie no se captura únicamente en aguas del Mediterráneo y el Atlántico Norte. Los países de África Occidental, desde Marruecos hasta Gambia, también son importantes exportadores de esta especie de calamar. Esto reduce aún más las posibilidades de encontrar calamares auténticamente «locales» en los platos europeos.
Algunos importadores europeos abogan por una mayor trazabilidad de la cadena de suministro. Esta postura «es cada vez más reconocida en la cadena de suministro de productos del mar», afirma Marine Cusa, autora del informe de Oceana y asesora política de la campaña de pesca ilegal y transparencia de la ONG en Europa.
Pero abordar la pesca ilegal de calamares y los abusos de los derechos humanos relacionados con ella requiere un esfuerzo compartido, subrayó Cusa, en el que todas las empresas deben esforzarse por reforzar su diligencia debida.
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Con información de María Simón Arboleas.
(Editado por adm, cm, jp/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre/Euractiv.es)
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