La gente sigue confiando más en los periodistas que en la IA para informarse con rigor, según estudios

Bruselas (Euractiv.com) – La manera en que las personas acceden a las noticias, las interpretan y confían en ellas está sufriendo una profunda transformación a medida que la inteligencia artificial (IA) reconfigura los hábitos informativos cotidianos de millones de personas.

Sin embargo, en múltiples estudios internacionales se observa un patrón constante: a medida que aumenta la exposición a la información generada por IA, sigue disminuyendo la confianza del público en lo que ve.

Una encuesta realizada en seis países por el Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo revela que el uso semanal de sistemas generativos de IA casi se ha duplicado en el último año.

La gente utiliza ahora estas herramientas principalmente para buscar información: investigar temas, hacer preguntas y, cada vez más, consumir noticias.

Sin embargo, a pesar de su rápida adopción, la confianza no ha seguido el mismo ritmo. Incluso las herramientas de inteligencia artificial más utilizadas (ChatGPT, Gemini y Copilot) están muy por detrás de los medios de comunicación en cuanto a confianza del público.

Muchos usuarios que encuentran resúmenes generados por IA a través de búsquedas afirman que no hacen clic para leer la información original, lo cual supone un cambio fundamental en la forma en que el periodismo llega al público.

Este cambio ya es visible: más de la mitad de los encuestados han visto respuestas generadas por IA en las búsquedas de la última semana, un porcentaje superior al de los que utilizaron cualquier sistema de IA independiente.

En resumen: muchos están expuestos a interpretaciones del periodismo generadas por la IA sin darse cuenta.

Distorsión a gran escala

La preocupación por la exactitud no es teórica. El mayor estudio internacional realizado hasta la fecha sobre asistentes de IA y noticias, coordinado por la Unión Europea de Radiodifusión (UER) y dirigido por la BBC, reveló que el 45% de todas las respuestas generadas por IA contenían al menos un error significativo.

En las 3.000 respuestas analizadas en 18 países, los periodistas detectaron problemas sistémicos: fallos en las fuentes, detalles con «alucinaciones» e información obsoleta o engañosa. Gemini obtuvo los peores resultados, con problemas significativos en más de tres cuartas partes de las respuestas.

Estos errores son importantes no sólo porque la gente da por sentado que los resúmenes de IA son precisos, sino porque el público suele culpar tanto a la herramienta de IA como al medio de noticias citado, incluso cuando el error no tiene nada que ver con el editor. Para los medios de comunicación de servicio público, que ya luchan contra la desinformación y el escepticismo, se trata de un riesgo existencial.

Como advierte la UER, cuando la gente no sabe qué información es fiable, «acaba por no fiarse de nada».

Un ecosistema de contenidos inundado por la IA

Pero a pesar de ello, es un hecho tangible que el volumen de contenidos escritos en línea generados por IA ha superado silenciosamente al material escrito por humanos.

Un análisis realizado por Graphite a partir de un conjunto de datos de 65.000 artículos indica que los contenidos generados por IA superaron a los escritos por humanos en la web abierta a finales de 2024.

Sin embargo, la mayor parte de este contenido nunca llega a los lectores. El estudio paralelo de Graphite muestra que los artículos generados por IA rara vez aparecen en los resultados de Google Search o ChatGPT, lo que crea una capa oculta de material producido en masa y de baja calidad que se sitúa por debajo del ecosistema de información visible.

Pero aunque los errores de la IA pasen desapercibidos, los resultados visibles -resúmenes elaborados y enmarcados por la IA- están modificando la manera de interpretar del público de manera radical.

La confianza se derrumba

Al otro lado del Atlántico, una reciente encuesta del Pew Research Centre añade otro motivo de preocupación: la mitad de los estadounidenses cree que la IA tendrá un impacto negativo en las noticias en los próximos 20 años.

Casi seis de cada diez creen que reducirá los puestos de trabajo en el periodismo. Incluso entre los optimistas sobre los beneficios sociales de la IA, existe un profundo escepticismo sobre su efecto en las noticias.

Dos tercios de los encuestados se declaran muy preocupados por la posibilidad de que la IA difunda información inexacta.

Sorprendentemente, esas inquietudes son compartidas por todos los grupos políticos, un raro punto de acuerdo entre los dos principales partidos, Demócratas y Republicanos.

Sin embargo, los niveles de educación muestran una división: las personas con mayor nivel educativo son más pesimistas sobre el impacto de la IA en el periodismo y dudan más de la capacidad de la IA para escribir noticias con precisión.

Nuevo desequilibrio de poder

De estos estudios se desprende un claro desajuste. Las herramientas de IA ya actúan como redactores de noticias de facto -resumen artículos, eligen fuentes, dan forma al énfasis e influyen en lo que ven millones de usuarios-, pero operan al margen de las obligaciones de transparencia y responsabilidad que pesan sobre los editores de noticias.

El resultado es un creciente vacío normativo. La Ley de Servicios Digitales, la Ley de Inteligencia Artificial y la Ley de Libertad de Prensa de la Unión Europea (UE) regulan partes del ecosistema digital, pero ninguna de ellas aborda con claridad la realidad emergente de que las herramientas de inteligencia artificial están seleccionando, remodelando e interpretando noticias en nombre de millones de ciudadanos.

¿Una oportunidad para el periodismo?

A pesar de todas las incertidumbres, una conclusión debería animar a las redacciones: el público sigue confiando más en el periodismo humano que en la IA. Prefieren las noticias producidas y editadas por personas. Creen que el periodismo humano es más creíble, transparente y responsable.

Eso es una ventaja competitiva para las redacciones, pero solo si pueden comunicarlo con claridad y utilizar la IA de forma responsable entre bastidores, sin dejar que la automatización socave su integridad editorial.

A medida que la IA se convierte en una puerta de acceso central a la información, el reto consiste en garantizar que la innovación no se produzca a expensas de la confianza, y que el periodismo siga siendo un ancla fiable en un entorno informativo cada vez más automatizado.

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(Editado por BM/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

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