Moscú desencadena una nueva oleada de prospecciones de gas en el Mediterráneo

La Comisión Europea ha respaldado un nuevo acuerdo de exploración de gas en alta mar entre Grecia y ExxonMobil, alegando que trabajar con socios «fiables» como Estados Unidos ayudará a Europa a desprenderse por fin de la dependencia del gas ruso. Esta decisión se produce en un momento en que la UE afirma estar avanzando hacia un futuro de energía verde, a la vez que mantiene su dependencia de los hidrocarburos procedentes de territorios distintos a Rusia.

Al mismo tiempo, la construcción de un cable eléctrico submarino que conecte las redes eléctricas de Grecia, Chipre e Israel, un plan paralizado desde hace tiempo, parece volver a la vida. Inversores de Washington y Tel Aviv han manifestado un nuevo interés por el proyecto, lo que hace albergar esperanzas de que pueda reactivarse una de las infraestructuras energéticas más delicadas del Mediterráneo.

Ninguno de los dos acontecimientos debe considerarse aisladamente. El Mediterráneo oriental sigue siendo uno de los escenarios geopolíticos más inflamables del mundo, un lugar donde las reivindicaciones marítimas superpuestas, las rivalidades regionales sin resolver y la inercia política han dejado sin explotar vastas reservas energéticas. Los responsables europeos llevan mucho tiempo hablando del potencial de la región, pero pocos han mostrado la determinación necesaria para explotarlo.

Esto puede estar cambiando. Los debates sobre las perspectivas energéticas de la región se intensificaron casi inmediatamente después del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca; la nueva administración ha mostrado su voluntad de poner orden donde Bruselas ha fracasado repetidamente. La mayor atención de Washington -y su disposición a respaldar a los aliados con infraestructuras sólidas- ya se ha hecho notar en el ambiente político.

Perforaciones en Creta

La semana pasada, Grecia firmó un acuerdo de exploración en alta mar con ExxonMobil que incluye actuaciones en el noroeste del mar Jónico. Chevron, otra compañía estadounidense, está perforando en aguas más sensibles políticamente, al sur de Creta. Para Atenas, que lleva tiempo coqueteando con la idea de explotar sus recursos marinos sin comprometerse del todo, estos acuerdos representan un cambio decisivo.

El Pacto Verde de la UE -el principal marco europeo de política climática- prevé un papel transitorio para el gas natural hasta que el bloque logre la neutralidad climática en 2050. Los grupos ecologistas no se dejan impresionar. El Fondo Mundial para la Naturaleza, una ONG conservacionista, advirtió de que las nuevas perforaciones corren el riesgo de conducir a Grecia a décadas de dependencia de los combustibles fósiles y socavar la credibilidad climática de la UE. Pero Atenas sigue adelante. Según el Gobierno, las perforaciones de prueba deberían estar terminadas a principios de 2027. Si las reservas resultan comercialmente viables, la producción podría comenzar en 2030 y continuar durante al menos una década.

Bruselas aplaude en silencio

Una alta fuente de la Comisión declaró a Euractiv que la prioridad absoluta de la UE sigue siendo eliminar las importaciones de gas ruso, no solo mediante la diversificación del suministro, sino trabajando con «socios energéticos fiables y de confianza». Según su estrategia REPowerEU, el bloque pretende cerrar la puerta al gas ruso para finales de 2027.

«EE. UU. ha sido y seguirá siendo un socio energético fiable para la UE», dijo el funcionario. «Ahora también tenemos un acuerdo comercial para impulsar nuestra cooperación energética»

Grecia parece igualmente comprometida. Ha sellado su primer acuerdo de gas natural licuado (GNL) a largo plazo con Washington: un acuerdo de 20 años para comprar 700 millones de metros cúbicos anuales a partir de 2030. Otro funcionario de la Comisión señaló que los costes griegos del GNL a largo plazo se incluirían en los aproximadamente 750.000 millones de dólares (680.000 millones de euros) en exportaciones energéticas estadounidenses que Europa ha acordado comprar en los próximos tres años, una promesa que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, hizo a Trump.

Por la puerta de atrás

Mientras Grecia se alinea más estrechamente con Washington, ha advertido a Bruselas de que el Kremlin podría seguir aprovechando las lagunas en el mecanismo sancionador. Atenas ha instado en privado a los funcionarios de la UE a cerrar una posible puerta trasera para la entrada de gas ruso en Bulgaria a través del gasoducto TurkStream, controlado por Gazprom.

«No podemos permitir que el gas natural entre en Europa por la puerta de atrás, por Turquía», declaró la semana pasada el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis.

Los funcionarios griegos señalan que Turquía importa gas, tanto de Azerbaiyán como de Rusia, pero carece de transparencia en tiempo real sobre su sistema de distribución interno, lo que dificulta la confirmación del origen del gas que finalmente llega a Bulgaria. Para que Sofía rompa su acuerdo de suministro de 13 años con Rusia, será necesario un importante gasto en infraestructuras.

En este contexto, el segundo gran proyecto mediterráneo, el Gran Interconector Marítimo, ha vuelto a la agenda tras años de disputas entre Atenas y Nicosia. El cable submarino, financiado en parte por la UE, uniría las redes griega y chipriota antes de extenderse a Israel.

Valor estretégico

El tramo Grecia-Chipre ha estado congelado en medio de disputas políticas, pero el proyecto ha cobrado nuevo impulso al reconocer Washington y Tel Aviv su valor estratégico. En mayo, el presidente chipriota, Nikos Christodoulides y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acordaron alinear la interconexión con el emergente «Corredor India-Oriente Medio-Europa». Este corredor, que se extiende desde la India hasta Europa pasando por el Golfo Pérsico e Israel, se presenta como una alternativa occidental a la iniciativa china de la Franja y la Ruta, y tiene la ventaja añadida de evitar Turquía.

Atenas ha informado a Bruselas de que Israel, Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos han expresado su interés en invertir. Se está preparando una evaluación de costes actualizada para los posibles inversores. Los funcionarios de la Comisión consideran que la participación de inversores estadounidenses y de Oriente Medio puede suponer un gran avance, aunque el ejecutivo de la UE no ha hecho comentarios públicos al respecto.

En abril se celebrará en Washington una reunión de alto nivel de los Ministros de Energía de Grecia, Chipre, Israel y EE. UU., a la que probablemente asistirá la Comisión.

Pero los partidarios del proyecto tendrán que andarse con cuidado. Turquía, poderoso e imprevisible vecino mediterráneo, se opone al proyecto de interconexión y tiene sus propias ambiciones de convertirse en un centro energético regional. Sin embargo, Ankara sigue siendo indispensable para las futuras estrategias europeas de defensa y migración. Para que la interconexión se lleve a cabo sin problemas, los países implicados tendrán que encontrar un modus vivendi diplomático con el presidente Recep Tayyip Erdoğan, tarea nada fácil en una región donde los cables submarinos pueden ser tan sensibles políticamente como los oleoductos.

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(Editado por cs, rh, mhk/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre/Euractiv.es)

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