Los agricultores europeos se preparan para protestar contra las últimas medidas de Bruselas

Bruselas (Euractiv.com/.es) – Los agricultores de la Unión Europea (UE), que han sufrido según sus palabras un verdadero «verano negro», están considerando volver a manifestarse con sus tractores por las calles de Bruselas para protestar contra la política agrícola de la Comisión Europea, que contempla, entre otras medidas, posibles recortes de las subvenciones, al tiempo que el acuerdo entre el bloque europeo y Mercosur también es un factor de tensión.

Desde el inicio del proceso de ratificación UE-Mercosur hasta las tensas conversaciones comerciales con Washington y Pekín, pasando por la propuesta de la Comisión Europea de recortar un 30% el presupuesto de la Política Agrícola Común (PAC), los próximos meses pondrán a prueba la relación de Bruselas con los agricultores europeos.

Esta semana, el Copa y la Cogeca -la agrupación que representa a los agricultores y las cooperativas, y el grupo de presión agrícola más influyente en Bruselas- se reunirán para elaborar una «respuesta política colectiva» a los crecientes retos del sector.

Bloque unánime de rechazo al acuerdo con Mercosur

A los pocos días de iniciar su segundo mandato, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajó a Montevideo para avanzar en el tantas veces retrasado acuerdo comercial UE-Mercosur con Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay.

La medida enfureció a los países de la UE, en especial a París y Varsovia, así como a los agricultores, muy inquietos por el aumento de las importaciones, sobre todo de aves de corral y carne de vacuno.

«En Bélgica somos especialistas en ‘pièces nobles’ como el entrecot y el filete. Nos atacarán en este frente», advirtió Benoît Cassart, eurodiputado belga y ganadero del grupo liberal Renovar Europa.

Tras un cuarto de siglo de negociaciones, la Comisión Europea inició a principios de este mes el proceso de ratificación del pacto de Mercosur, con la esperanza de sellarlo a finales de año.

La aprobación requerirá una mayoría simple en el Parlamento y el apoyo de al menos 15 Estados miembros que representen el 65% de la población de la UE en el Consejo.

En ese sentido, el Secretario General del Copa-Cogeca, Eli Tsiforou, lo calificó de «decisión en un momento delicado» que impondrá un «enorme coste al sector».

Bruselas ha intentado hacer más atractivo el paquete aplicando un nuevo mecanismo de salvaguardia para frenar las importaciones si amenazan con desestabilizar la producción de la UE. Ello ha suavizado el rechazo de algunos Estados miembros, excepto Polonia.

Algunos productores, entre ellos los exportadores de vino y productos lácteos, ven nuevas oportunidades en América Latina. No obstante, Tsiforou subrayó que es la primera vez en la historia del Copa-Cogeca que hay «unanimidad en la oposición a un acuerdo comercial», con el argumento de que falta reciprocidad y hay normas divergentes.

Incluso Cassart admite que el impacto inmediato puede ser limitado -nuevas importaciones por valor de «dos hamburguesas por persona al año», como le gusta decir a la Comisión-, pero advierte de la presión acumulativa de una serie de otros acuerdos con Australia, Indonesia, India y otros países.

Tensiones comerciales con Washington

Otro acuerdo comercial, con Estados Unidos, es aún más polémico.

Bruselas trató de aliviar los roces comerciales con Washington con la firma -en julio pasado- de un acuerdo marco en el campo de golf del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Escocia que no ofrecía concesiones a los productos agrícolas de la UE.

«Los anuncios sobre Mercosur y el acuerdo con Estados Unidos fueron la gota que colmó el vaso», asegura Tsiforou, al tiempo que califica el pacto UE-EE.UU. de «totalmente desequilibrado.»

Estados Unidos ha impuesto un arancel del 15% a los productos de la UE, incluidos el vino y las bebidas espirituosas, que dependen en gran medida de los compradores estadounidenses. Mientras, Bruselas ha ofrecido arancel cero a una amplia gama de exportaciones agrícolas estadounidenses.

El comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, explicó la semana pasada en una entrevista con Euractiv que las negociaciones han creado «el ambiente» para aplicar exenciones a los productos agrícolas y el alcohol, pero las concesiones aún no se han materializado.

Las relaciones con Pekín también se están deteriorando.

Tras la decisión de Bruselas de imponer aranceles a los vehículos eléctricos chinos, Pekín respondió con aranceles de hasta el 34,9% al brandy de la UE y del 62% a la carne de cerdo.

Mientras que los grandes productores franceses de coñac han logrado evitar los aranceles más altos subiendo sus precios, los exportadores de carne de cerdo, sobre todo en España, están alarmados. «Será desastroso», advirtió Josep Llinàs, Presidente de la Asociación Española de Comerciantes de Cerdo.

Los exportadores de productos lácteos podrían ser los siguientes, ya que está en marcha una investigación antisubvenciones hasta febrero de 2026.

La batalla por el presupuesto de la PAC

La verdadera «bomba» política se produjo en julio, cuando la Comisión Europea propuso recortar el presupuesto de la PAC para 2028-2034 en casi un 30% en el marco del futuro presupuesto plurianual.

Ello desmantelaría la estructura de dos pilares de la PAC, que agrupa casi 300.000 millones de euros para subvenciones y desarrollo rural. También daría a las capitales mayor margen de discrecionalidad para asignar los fondos, sin aplicar condiciones medioambientales a escala de la UE.

Esto supondría un cambio significativo respecto al énfasis puesto en la seguridad alimentaria tras las protestas de los agricultores del año pasado. «Llevo dos años oyendo a los dirigentes decir lo estratégica que es la agricultura, ¿y luego hacen esta propuesta? Nunca votaré a favor», señaló Herbert Dorfmann, responsable de temas agrícolas del Partido Popular Europeo (PPE), el mayor de la Eurocámara, seguido de los socialistas (S&D).

Sin embargo, los Verdes sostienen que la reducción de las normas de sostenibilidad no responderá a las principales preocupaciones de los agricultores.

«Los principales problemas -renta baja y precios injustos- no se resuelven con políticas antiecológicas», afirma Thomas Waitz, eurodiputado austriaco de Los Verdes que también es agricultor y propietario forestal.  El legislador europeo añadió que el cambio refleja la «presión geopolítica» y el giro a la derecha del Parlamento Europeo.

Incluso el ministro austriaco de Agricultura, Norbert Totschnig, advirtió en el marco de la reunión de ministros  europeos del ramo celebrada la semana pasada en Copenhague que la propuesta de la Comisión suponía un «desafío sistémico» para la adopción de medidas respetuosas con el medio ambiente y la inversión en la modernización de las explotaciones.

¿Volverán los tractores?

Que los tractores vuelvan a salir por las calles de Bruselas depende de la respuesta de los sindicatos, así como del resultado de la reunión del Copa-Cogeca de esta semana.

«La Comisión Europea podría cometer un error histórico relegando la agricultura a una prioridad secundaria», advirtió Tsiforou, al tiempo que recordó que las protestas de 2024 obligaron a los políticos a prestar más atención al sector.

Otros son más optimistas. Veronika Vrecionová, eurodiputada checa del grupo conservador ECR y presidenta de la comisión de Agricultura del Parlamento Europeo, argumenta que calificar las últimas medidas de la Comisión de «traición» simplifica en exceso el debate.

«Mejor que los tractores vuelvan a Bruselas es que la confianza vuelva al campo (…) las inquietudes de los agricultores siempre tienen que ser escuchadas», subraya.

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(Editado por Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

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