¿Quiénes son los «Reichsbürger» alemanes y cuáles son sus objetivos?

Berlín (Euractiv.de/.es) – El vuelco a la derecha en toda Europa abarca desde partidos populistas hasta grupos extremistas, y uno de los más desconocidos, aunque igual de  peligroso, es el movimiento alemán Reichsbürger, una red que niega la legitimidad del Estado alemán, ha planeado un golpe de Estado y se está extendiendo más allá de las fronteras del país.

La policía alemana detuvo recientemente a tres personas sospechosas de estar implicadas en un golpe de Estado de 2022 vinculado al príncipe Heinrich XIII Reuss, un empresario aristócrata convertido en teórico de la conspiración.

Sus detenciones han vuelto a poner de actualidad a los Reichsbürger («Ciudadanos del Reich») o Selbstverwalter («autoadministradores»), una mezcla de extremistas, teóricos de la conspiración y fanáticos armados.

Las autoridades los sitúan en un ecosistema fragmentado que se esconde en la espesura digital.

Entre reyes y un golpe de Estado

En 2012, Peter Fitzek -un ex chef y profesor de kárate- se autoproclamó rey del «Reino de Alemania» Su autodenominado Estado presumía de tener su propia moneda, banco y sistema de seguros. El pasado mayo, el proyecto afiliado a la Reichsbürger fue prohibido y Fitzek detenido.

Un grupo autodenominado Unión Patriótica, integrado en el entorno de los Reichsbürger, planeó a finales de 2022 supuestamente derrocar al gobierno federal e instalar a Reuss como jefe de Estado. No con antorchas y horcas, sino con balas y explosivos.

Según los fiscales, el grupo recaudó cerca de 500.000 euros, consiguió un «enorme arsenal de armas» y redactó una nueva constitución para instalar un nuevo Estado, tras el golpe.

El plan incluía asaltar el Parlamento alemán -copiando el atentado de enero de 2021 contra el Capitolio estadounidense- y desmantelar las instituciones democráticas. Las autoridades clasificaron al grupo de «organización terrorista».

Nueve miembros del núcleo fueron acusados en 2024 de alta traición, intento de asesinato y conspiración golpista. Entre ellos se encontraba Birgit Malsack-Winkemann, ex diputada de extrema derecha del partido Alternativa para Alemania (AfD) y jueza durante muchos años del Tribunal Regional de Berlín, que seguía ejerciendo como tal en el momento de su detención. Otras 27 personas ya han sido juzgadas.

Una entidad corporativa

La Oficina para la Protección de la Constitución de Alemania define a los Reichsbürger como «personas y grupos que ‘niegan la existencia de la República Federal de Alemania y rechazan todo el ordenamiento jurídico'»

El colectivo es heterogéneo. Sus fuentes ideológicas van desde un lineamiento monárquico y el antisemitismo hasta el esoterismo y el fascismo declarado, lo que hace que el movimiento sea difícil de clasificar.

Activo desde la década de 1980 y vigilado desde 2016, las facciones de Reichsbürger abarcan desde monárquicos hasta libertarios radicales.

Algunos afirman que el Imperio alemán sigue existiendo dentro de sus fronteras de 1871 o 1937; otros insisten en que Alemania no es más que una entidad corporativa – «Deutschland GmbH»- que sigue bajo control aliado.

Muchos se niegan a pagar impuestos, rechazan documentos oficiales y, en ocasiones, se enfrentan violentamente a las autoridades, y han llegado incluso a perpetrar ataques letales, como el tiroteo de 2016 contra un agente de policía, que hizo que el movimiento pasara de ser una excéntrica «molestia» a una amenaza para la seguridad.

El lenguaje empleado también alimenta su conspiración: la palabra Personalausweis -carnet de identidad en alemán- se retuerce para sugerir que los ciudadanos son meros «empleados» de una empresa llamada Alemania.

Se cree que cerca de 30 grupos bien identificados forman parte de la red. La Fundación Amadeu Antonio, que hace campaña contra el extremismo de derechas, el antisemitismo y el racismo, ha descrito la heterogénea red como una «misantropía mística»

Crecimiento vertiginoso

El apoyo al movimiento creció rápidamente en el marco de las protestas contra las medidas restrictivas aplicadas durante la pandemia del COVID-19 y luego se alimentó de la ira por la guerra en Ucrania y sus repercusiones económicas.

«Muchos elementos de la ideología predominante de los ‘Reichsbürger‘ […] son compatibles con estas protestas», según el ministerio alemán del Interior, y en sus acciones convergen la espiritualidad, el escepticismo ante las vacunas y las narrativas antidemocráticas.

Al igual que otros grupos que tratan de eludir la vigilancia del Estado, los Reichsbürger prosperan en las redes sociales, especialmente en Telegram, donde difunden vídeos, retransmisiones en directo y otras manifestaciones radicales.

El último informe de la agencia de inteligencia nacional de Alemania calcula que hay cerca de  26.000 Reichsbürger en todo el país, el 5% de los cuales están etiquetados como extremistas de derechas. En total, el informe registra 40.700 extremistas de derechas, 37.000 de izquierdas y 27.200 islamistas.

En comparación con otros grupos extremistas, este movimiento, que se concentra sobre todo en las zonas rurales, cuenta con un porcentaje de mujeres inusualmente elevado (27%).

Un movimiento que traspasa las fronteras de Alemania

Aunque arraigada en la historia alemana, la mentalidad de los Reichsbürger está traspasando fronteras.

Un estudio realizado para el ministerio austríaco del Interior detectó un «estrecho parentesco ideológico y patrones de radicalización similares» entre los Reichsbürger austriacos y alemanes. Reivindicaciones conspirativas como «Empresa Austria» están tomadas del manual alemán, junto con el objetivo central: rechazar la república alpina como Estado constitucional.

En ese sentido, recientes investigaciones conjuntas de Der Spiegel, Der Standard y MDR Investigativ destaparon vínculos entre los «separatistas sajones» alemanes y los extremistas austriacos, incluida una conexión con el ministerio austriaco del Interior que implicaba a una persona autorizada para dirigir talleres de explosivos .

Ni siquiera Suiza, a menudo elogiada por su tradición de democracia directa y autogobierno, es inmune.

En ese sentido, los observadores advierten de que podría convertirse en una nueva base para los Reichsbürger que huyen de los controles en Alemania. La reciente prohibición del llamado «Reino de Alemania» subrayó esos lazos: uno de los confidentes de confianza del autodenominado «rey» Fitzek es suizo.

Los grupos conspirativos locales se hacen eco de la cosmovisión antiestatal, aunque no apuestan por el mito de un Reich alemán restaurado.

Los expertos advierten de la aparición de un ecosistema transnacional de movimientos que se refuerzan mutuamente. Algunos toman prestados símbolos, retórica y narrativas transfronterizas; otros crecen en paralelo, moldeados por agravios similares y vías de radicalización en Internet.

Como una red conectada digitalmente, los grupos antes fragmentados se sienten ahora con más capacidad de actuar.

«Sin duda veremos más grupos de este tipo […] porque la radicalización en estos grupos ha progresado mucho […]», afirma Johannes Kieß, que investiga el extremismo en la Universidad de Leipzig.

«La gente está dispuesta a usar la violencia y quiere pasar a la acción, lo cual significa que realmente quiere poner en práctica la narrativa de la resistencia», agrega el investigador.

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(Editado por Victoria Becker/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

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