París (Euractiv)- Apenas unas horas después de dar marcha atrás en la cuestión de Groenlandia, insistiendo en que ya no tenía intención de «utilizar la fuerza» para tomar la isla, Donald Trump presentó su «Junta de Paz». Solo sus aliados y aquellos que le deben lealtad han respondido a la llamada.
Hasta ahora, más de 20 países han acordado formalmente unirse a la nueva organización intergubernamental, cuya carta fue firmada el jueves en Davos, Suiza, y que se presenta como un mecanismo para resolver conflictos globales.
Ningún miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha dado el paso hasta ahora. Y dentro de la Unión Europea, solo Hungría y Bulgaria han respondido positivamente a la propuesta de Trump. Un claro revés para el presidente estadounidense, que, no obstante, se felicitó por haber reunido a los «máximos líderes del mundo».
La iniciativa se planteó por primera vez en septiembre pasado como parte de la segunda fase del plan de alto el fuego de 20 puntos de Washington para Gaza, pero desde entonces se ha reformulado como una plataforma más amplia para la resolución de conflictos internacionales.
Una crítica apenas velada a las Naciones Unidas
Esas ambiciones se exponen sin rodeos en las ocho páginas del estatuto de la junta. El texto critica «los enfoques y las instituciones que han fracasado con demasiada frecuencia» —una crítica apenas velada a las Naciones Unidas— y pide «valentía» para ir más allá.
El lenguaje refleja la hostilidad que Trump ha mostrado desde hace tiempo hacia la ONU. A principios de este mes, anunció que Washington se retiraría de 66 organizaciones y tratados internacionales, aproximadamente la mitad de ellos afiliados a la ONU.
La carta especifica que Trump será el «primer presidente de la Junta de Paz» y que solo él tendrá la autoridad para nombrar a su sucesor y el poder de vetar cualquier decisión adoptada por la mayoría de los miembros.
El consejo ejecutivo de la organización estará compuesto por siete miembros, entre los que se encuentran el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio; el enviado especial Steve Witkoff; el yerno de Trump, Jared Kushner, y el ex primer ministro británico Tony Blair.
1.000 millones de euros para ser miembro permanente
El mandato de los Estados miembros estará limitado a un máximo de tres años a partir de la fecha de entrada en vigor de los estatutos. Los países que se comprometan a aportar más de 1.000 millones de dólares durante los próximos 12 meses obtendrán la condición de miembros permanentes. Hasta ahora, ninguno de los países participantes ha confirmado haber realizado tal contribución. Los detalles precisos de la gestión financiera de la organización tampoco se han hecho públicos todavía.
Diecinueve Estados estuvieron presentes en Davos cuando se firmó la carta fundacional de la Junta de Paz, aunque, según funcionarios estadounidenses, se han enviado invitaciones para unirse a la organización a unos sesenta países, muy lejos de los 193 miembros de la ONU.
Dentro de la Unión Europea, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, aceptó la «honrosa invitación» de Washington ya el 18 de enero. Bulgaria también ha respondido favorablemente a la propuesta de Trump.
Otros dos países europeos tradicionalmente cercanos a Estados Unidos también han confirmado su participación: Albania, liderada por Edi Rama —quien no estuvo en Davos, pero ya ha cerrado acuerdos inmobiliarios con Kushner— y Kosovo, que alberga una importante base militar estadounidense.
Netanyahu ha confirmado la participación de Israel
En Oriente Medio y el Golfo, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha confirmado la participación de Israel, al igual que Arabia Saudí, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Jordania y Kuwait.
Armenia y Azerbaiyán, adversarios desde hace mucho tiempo, también han aceptado la propuesta estadounidense, junto con Argentina, bajo la presidencia de Javier Milei, un estrecho aliado del presidente estadounidense.
El miércoles, Trump afirmó que Vladimir Putin había «aceptado» su invitación, aunque el presidente ruso ha indicado que aún está estudiando la propuesta. Putin también ha sugerido que los 854 millones de euros necesarios para garantizar la membresía permanente podrían provenir de los activos rusos congelados.
Escepticismo internacional
Solo unos pocos Estados han rechazado formalmente la invitación de Estados Unidos, mientras que la mayoría de los demás han optado por un cauteloso silencio.
Francia «no tiene intención de responder favorablemente» a la petición estadounidense, según afirmaron inmediatamente los asesores del presidente Emmanuel Macron, citando «importantes cuestiones» en torno a la ONU, cuyos principios y estructura «no pueden ponerse en duda bajo ninguna circunstancia».
En Europa, el Reino Unido también ha rechazado la invitación. «Nos preocupa que el presidente Putin forme parte de algo que dice ser en pro de la paz», declaró la ministra de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper. Alemania y España también han declinado la invitación.
En términos más generales, los países de la UE, inquietos por las amenazas de Trump sobre Groenlandia, afirman que están a la espera de una coordinación más estrecha a nivel europeo. Incluso la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, conocida por su cercanía a Trump, ha dicho que necesita más tiempo para decidir, alegando cuestiones constitucionales.
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(Editado por mm, jp/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.es)
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