Bruselas (Euractiv)- Desde el bacalao asado al horno de Portugal hasta la crujiente versión frita de Polonia, el pescado ruso sigue llegando a los platos europeos a pesar de los intentos de reducir drásticamente las importaciones.
Mientras algunos países de la UE presionan para que se impongan límites más estrictos, otros advierten de que la Unión es demasiado dependiente de las capturas de Moscú.
Los países bálticos, Finlandia y Suecia buscan continuamente nuevas formas de utilizar su influencia económica para presionar al Kremlin a fin de que ponga fin a su guerra contra Ucrania. Y dado que comparten el mar Báltico con Rusia el del pescado es un campo importante.
Estos países creen que la flota pesquera de Moscú podría verse afectada y han pedido en repetidas ocasiones que se aumenten los aranceles sobre el marisco ruso, del que siguen entrando toneladas en la UE.
Para las ONG ecologistas, se trata también de un imperativo moral. «Los buques pesqueros rusos están estrechamente relacionados con el régimen… por lo que existe un vínculo con la guerra en Ucrania», declaró a Euractiv Vanya Vulperhorst, experta de Oceana en pesca ilegal, en una entrevista telefónica.
Dos de los gigantes pesqueros rusos, Norebo y Murman Seafood, fueron declarados recientemente culpables de espionaje de Estado en aguas de la UE, lo que dio lugar a sanciones.
Sin embargo, la Comisión ha rechazado las peticiones de mayores restricciones a las importaciones de pescado, una idea que muchos países de la UE contemplan con recelo.
El ministro de Agricultura y Pesca de Letonia, Armands Krauze, declaró a Euractiv que sigue buscando apoyos. «En la actual situación geopolítica, no podemos detenernos en lo que ya se ha hecho», dijo. «Para apoyar a Ucrania, tenemos que seguir restringiendo sistemáticamente el comercio con Rusia y Bielorrusia».
Caviar y bacalao
En declaraciones públicas, la Comisión sostiene que ya se ha hecho lo suficiente para distanciarse del pescado ruso. Poco después de que Rusia invadiera Ucrania, la UE eligió un blanco fácil y prohibió la importación de caviar -junto con el champán y los diamantes- a pesar de que Rusia suministraba muy poco. Pero siguieron entrando otros productos pesqueros menos glamurosos, sobre todo bacalao y abadejo de Alaska, algunos de los cuales incluso entraron libres de impuestos.
La UE privó a estas importaciones del acceso a cualquier reducción arancelaria a partir de 2024, pero ese mismo año siguió comprando pescado ruso por valor de 709 millones de euros. La mayor parte se destinó a los Países Bajos, Alemania, Francia y Polonia.
En su Alemania natal, Vulperhorst intenta evitar que estos productos se cuelen en su carrito del supermercado. «Hay un código QR en el paquete de los palitos de pescado que comen mis hijas. Permite ver qué barco hizo la captura», explica. Un poco de investigación en su teléfono le permitió boicotear el bacalao ruso y optar por el islandés.
Sin embargo, la mayoría de las etiquetas no son tan claras, como pudo comprobar esta periodista al comprar bacalao en Bruselas. En los paquetes no aparece el Estado del pabellón, sino códigos como «FAO 67» o «FAO 27», que conducen a aguas explotadas por buques rusos, entre otros.
De Portugal a Polonia
En varios países, cualquier medida contra el bacalao ruso repercute tanto en sus economías como en sus tradiciones culinarias. Esto es especialmente evidente en Portugal, conocido por su amor al bacalhau. Los portugueses afirman tener más de 1.000 formas de cocinarlo.
Junto con los Países Bajos y Polonia, el país figura entre los tres principales importadores de bacalao ruso de la UE. Portugal lleva años recurriendo a suministros extranjeros para mantener sus platos llenos, según explicó la asociación nacional de pymes CPPME.
«Tras varios siglos de pesca directa en Terranova (Canadá), la prohibición impuesta en 1992 por Canadá debido al agotamiento de las poblaciones de bacalao obligó a los portugueses a buscar nuevas fuentes para satisfacer sus necesidades», señaló Jorge Carmaneiro, vicepresidente de la CPPME, en un correo electrónico. Explicó que esto llevó a los comerciantes a recurrir al bacalao congelado ruso y al bacalao verde salado noruego.
Para Carmaneiro, los aranceles actuales sobre las importaciones de bacalao ruso -en torno al 12%- ya están afectando mucho a los bolsillos. «En vísperas de Navidad, los precios están alcanzando niveles nunca vistos», afirmó.
En el extremo opuesto de la UE se encuentra Polonia, uno de los más fervientes defensores de castigar comercialmente a Moscú. Varsovia pidió recientemente a Bruselas aranceles más altos para varios productos rusos, pero dejó el pescado fuera de la lista. No es de extrañar, dado el gran interés de los transformadores polacos por el bacalao ruso.
«Dependemos casi al 100 % de las importaciones. No hay forma de obtener esta materia prima dentro de la UE», declaró Sylwester Szymanik, de la asociación polaca de transformadores, en un debate parlamentario el año pasado. «Nos encantaría, pero estamos en una situación completamente distinta a la de hace unos años».
La puerta trasera noruega
Para complicar aún más las cosas, el pescado ruso también llega a la UE a través de otros canales. El lobby pesquero Europêche, con sede en Bruselas, viene denunciando desde hace tiempo que el bacalao capturado en Rusia puede entrar en la UE libre de impuestos tras ser transformado en Noruega.
Vulperhorst también advirtió de la existencia de una «laguna jurídica». «Si procesas suficientemente un producto en Noruega, puedes decir que es noruego», dijo. «Así puedes blanquear el origen ruso de la captura».
Vulperhorst también argumentó que si Europa quiere impulsar la autonomía de sus pesquerías, necesita gestionar sus poblaciones de forma más eficaz. Especialmente en el Mar Báltico, una de las masas de agua más contaminadas del mundo y prácticamente un lago de la UE, salvo por el rincón ruso.
Pero los países bálticos han dicho en repetidas ocasiones que cerrar sus redes para ayudar a las especies a recuperarse no servirá de mucho si Moscú extiende las suyas.
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(Editado por adm, cm, vib/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.es)
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