Bruselas (Euractiv.com/.es) – La competitividad de Europa depende de que se mantengan las normas democráticas al tiempo que se racionaliza su sistema administrativo. A medida que la competencia mundial se acelera y las tensiones geopolíticas remodelan los flujos comerciales y de inversión, el modelo económico y democrático de la Unión Europea (UE) se ve sometido a constantes retos y presiones.
Aunque la UE se enorgullece de su elevado estándar democrático, muchos sostienen que la excesiva burocracia se ha convertido en un lastre estructural que debilita la competitividad, desalienta la inversión y erosiona la confianza en las instituciones.
Voces procedentes tanto de las regiones como de la «burbuja» de Bruselas y de la UE subrayan que el exceso de carga administrativa está condicionando el atractivo de Europa, con un mensaje claro: Europa no se puede seguir permitiendo un sistema que frena la innovación y se aleja de los ciudadanos.
Freno a la competitividad
En opinión de Sari Rautio, presidenta del Grupo del Comité de las Regiones del Partido Popular Europeo (PPE), el mayoritario en Estrasburgo, el impacto se siente con mayor intensidad a nivel regional, donde opera la columna vertebral de la economía europea: sus pequeñas y medianas empresas (PYME).
«El exceso de burocracia afecta tanto a nuestra competitividad económica como a la salud de nuestra democracia», explica Rautio en entrevista con Euractiv.
Las PYME, señala, son el motor de las economías regionales, pero también son las menos capacitadas para hacer frente al peso administrativo. «La carga recae especialmente en las PYME […] y, sin embargo, son las menos preparadas para manejar complejos procedimientos nacionales y de la UE», afirma.
Cuando las obligaciones burocráticas crecen, las consecuencias económicas son inmediatas. «Cuando las normas, las obligaciones de información o las solicitudes de financiación se hacen demasiado pesadas, las PYME retroceden; y cuando eso ocurre, las regiones pierden innovación, inversión y crecimiento.», apunta.
No obstante, Rautio destaca que el daño no es sólo económico. Cuando los agentes locales tienen dificultades para acceder a las ayudas de la UE o deben superar procedimientos complejos, los ciudadanos empiezan a ver a la UE no como un socio, sino como una «lejana máquina burocrática».
Esas presiones se producen cuando la competitividad de Europa se ha ido «debilitando de forma crónica», como se destaca en los informes Draghi y Letta. Por ello, en opinión de Rautio, reducir la burocracia no es una mera cuestión de eficiencia, sino un elemento fundamental.
«Reducir la burocracia es esencial para reforzar el atractivo de Europa como modelo de negocio y destino de inversiones […] y para devolver a los ciudadanos la confianza en que la UE está ahí para ayudarles a ellos, a sus comunidades y a sus PYME a prosperar.», subraya la legisladora del PPE.
Desalentar el crecimiento
Por otro lado, el eurodiputado del grupo liberal Renovar Europa Engin Eroglu también pinta un panorama complicado. En su opinión, el entorno normativo europeo está socavando la capacidad de las empresas para competir a escala mundial.
«Con el marco normativo actual, muy pocas empresas europeas pueden alcanzar las tasas de crecimiento necesarias para competir a escala internacional, o crecer», comenta Eroglu en declaraciones a Euractiv.
Para las empresas, el creciente coste del cumplimiento de la normativa ya no es asumible. «Las empresas deben reducir los costes de personal, sobre todo minimizando la parte de trabajo administrativo improductivo provocado por los requisitos normativos», sostiene Eroglu.
El problema de fondo no es sólo el volumen creciente de normas, sino su complejidad y lentitud de aplicación. «Cada vez hay más sectores en Europa dominados por oligopolios. Eso reduce gravemente la innovación, ya que las PYME tienen muy pocas oportunidades de poner en marcha o ampliar sus negocios.», afirma.
Por ello, para Eroglu la simplificación emprendida por Bruselas ya no basta. «Tras muchos años de regulación cada vez más compleja, ha llegado el momento de la desregulación, no sólo de la simplificación […] para que puedan surgir nuevas empresas globales europeas», apunta.
La desigual aplicación de las normas
Rautio cree que el problema no son los valores o las normas de Europa, sino cómo se aplican en los distintos territorios. Las regiones son las protagonistas del proceso, puesto que son responsables de aplicar el 70% de la legislación de la UE.
Por ello, la aplicación de las normas debe ser «menos costosa, más inteligente, más proporcionada y tener en cuenta el elemento local», subraya.
No obstante, las normas de gobernanza deben permanecer intactas, asegura. «La condicionalidad del Estado de Derecho es esencial: protege el dinero de los contribuyentes, asegura la confianza entre los Estados miembros y garantiza que los programas de la UE se ejecuten de forma justa y transparente», afirma Rautio.
Pero para que el sistema funcione, la manera de aplicar las normas debe cambiar. En ese sentido, Rautio pide «menos obligaciones de información que se solapen, más proporcionalidad en los controles y un auténtico compromiso con la gobernanza multinivel y el principio de asociación».
Confiar más en las regiones, gestionadas de manera más eficaz, permitiría que se impulsara la inversión y la innovación «sin socavar los cimientos de nuestra democracia».
Por ello, Eroglu sostiene que la protección de las normas democráticas no debería suponer un exceso de carga administrativa. «Democracia y eficacia no se excluyen mutuamente: la clave está en cómo se organizan los procesos democráticos», subraya.
Reducir la carga burocrática forma parte del refuerzo de la legitimidad democrática de la UE, asegura. «Proteger los estándares democráticos significa que las decisiones sean comprensibles, eficientes y cercanas a los ciudadanos – no sobrecargar de burocracia a empresas y ciudadanos», afirma.
Un sistema «más rápido, sencillo y centrado», agrega Eroglu, es a la vez más democrático y más competitivo a nivel mundial.
¿Vulnerabilidad estratégica?
La conclusión es clara: la burocracia en la UE no es un defecto técnico interno, sino una vulnerabilidad estratégica en un momento en el cual el bloque comunitario europeo compite con superpotencias reguladoras, modelos capitalistas de Estado y economías capaces de tomar decisiones con mucha mayor celeridad.
Para que la UE sea un destino atractivo para la inversión, la innovación y la participación democrática, las reformas deben ir más allá de la simplificación simbólica. Deben remodelar la forma en que las empresas y los ciudadanos diseñan, aplican y experimentan las normas, aseguran Eroglu y Rautio.
La capacidad de la UE para prosperar en el tablero económico mundial dependerá de si es capaz de mantener elevados niveles de gobernanza al tiempo que construye un sistema administrativo dinámico, claro y proporcional. El coste de no hacerlo, advierten las partes interesadas, no es sólo el estancamiento económico, sino una mayor erosión de la confianza en el modelo democrático en el cual se sustenta la arquitectura del bloque europeo.
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(Editado por BM/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)
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