Bruselas deja en manos de Kiev el debate sobre las concesiones territoriales

París/Bruselas (Euractiv)- La mayor incógnita sobre el futuro de Ucrania es dónde se situará la nueva frontera. Mientras Washington presiona a Kiev para que considere la posibilidad de ceder terreno para garantizar un acuerdo de paz con Moscú, Bruselas empieza a distanciarse del debate en curso sobre las concesiones territoriales a Rusia, el mayor punto de fricción en las negociaciones.

«Nuestra posición ha sido clara: no se puede alcanzar un acuerdo de paz sin Ucrania. Y corresponde a Ucrania decidir las condiciones reales de la paz», declaró a Euractiv Anitta Hipper, portavoz de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

Es un cambio significativo para la UE: después de casi tres años insistiendo en que las fronteras no pueden cambiarse por la fuerza, los funcionarios dan un paso atrás en la parte más explosiva de cualquier acuerdo de paz, y dejan la pelota en el tejado de Kiev.

Donald Trump ha presionado a su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski, para que acepte su plan de paz y ceda a Moscú los territorios ocupados, incluidos Crimea, Lugansk y Donetsk, y partes de Jersón  y Zaporiyia.

Forzar cambios fronterizos

Aunque las formas y el enfoque de Trump son claramente diferentes de los del presidente Bill Clinton durante la guerra de Kosovo de 1999 y del reconocimiento de Kosovo por parte de George W. Bush en 2008, en el fondo está en línea con la inclinación estadounidense a forzar cambios fronterizos.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los países occidentales han evitado en gran medida aceptar formalmente los cambios de fronteras conseguidos mediante agresión. Bruselas no ha reconocido ni la anexión rusa de Crimea y Sebastopol en 2014, ni la ocupación turca del norte de Chipre desde 1974.

Tras una reunión con sus socios europeos el lunes, Zelenski citó la Constitución de Ucrania, haciendo hincapié en que el país no tiene derecho legal ni moral a renunciar a sus territorios. Sin embargo, la determinación de Washington de lograr un acuerdo podría deparar sorpresas desagradables a Kiev y a muchos países de la UE, con graves consecuencias para su política exterior.

A diferencia de los Estados miembros, la UE como entidad no tiene poder legal para reconocer un nuevo Estado o un cambio de fronteras.

Los antecedentes de Chipre y Kosovo

En Atenas, fuentes diplomáticas ya se preparan para las consecuencias respecto a Chipre de un plan de paz que cedería territorio ucraniano a Rusia. Turquía invadió y ocupó la parte norte de la isla en 1974, una división que sigue sin resolverse desde entonces.

«Para Grecia, la inviolabilidad de las fronteras no es negociable, y cualquier acto ilegal nos encontrará siempre en el lado opuesto», declaró el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis.

Sin embargo, la secesión de Kosovo y su declaración unilateral de independencia en 2008 pueden haber sentado ya un precedente jurídico y político problemático para la Unión. La mayoría de los Estados miembros de la UE han reconocido la condición de Estado de Kosovo, pero cinco -España, Eslovaquia, Chipre, Rumanía y Grecia- no lo han hecho por temor a movimientos separatistas dentro de sus propias fronteras.

Rusia ha citado repetidamente el ejemplo de Kosovo para justificar su agresión a Ucrania. En su discurso de 2014 con motivo de la incorporación formal de Crimea a Rusia, Vladimir Putin citó el «precedente» sentado por Occidente, «cuando acordaron que la separación unilateral de Kosovo de Serbia (…) era legítima y no requería ningún permiso de las autoridades centrales del país».

Para Occidente se trata de una comparación sesgada, ya que las fuerzas gubernamentales serbias estaban reprimiendo violentamente a la mayoría albanesa de Kosovo.

Michel Foucher, que en 1999 fue asesor del entonces ministro francés de Asuntos Exteriores Hubert Védrine, declaró a Euractiv que en Kosovo los estadounidenses presionaron a favor de la independencia para castigar al ex presidente serbio Slobodan Milošević. También querían establecer una base estadounidense destinada a vigilar Oriente Medio.

¿Ceder el Donbás?

Foucher, geógrafo y especialista en fronteras, explicó que la cuestión central para el futuro de Ucrania es el reconocimiento de su soberanía sobre lo que queda de su territorio. «El precio a pagar podría ser el Donbás, pero no me corresponde a mí decirlo. Pero, ¿cómo confiar en las garantías que puedan ofrecer los rusos?»

El analista francés insistió en que los europeos están de acuerdo en la inviolabilidad de las fronteras y, por tanto, nadie reconocerá la línea de demarcación como frontera internacional, salvo quizá Estados Unidos. «China nunca ha reconocido la anexión de Crimea; India tampoco lo hará, ni los europeos. Sin embargo, esta línea servirá de facto como frontera dentro de ambos países», afirmó Foucher.

Para Klaus Welle, ex secretario general del Parlamento Europeo y actual presidente del Consejo Académico del Centro Martens, afiliado al Partido Popular Europeo (PPE), hay que distinguir entre el reconocimiento de iure y de facto de la situación.

«De facto, partes de Ucrania seguirán ocupadas por Rusia, y esto no puede cambiar por el momento. Pero eso es distinto a reconocerlo jurídicamente», dijo. «Puede que tengamos que vivir con el hecho de que partes de Ucrania están ocupadas, pero no veo a nadie que desee reconocer legalmente nuevas fronteras», añadió.

De Panamá a Groenlandia, Trump no parece demasiado preocupado por las fronteras internacionales. Si reconociera formalmente una nueva frontera entre Ucrania y Rusia para profundizar en la cooperación con Moscú, no cabe duda de que a otros países les interesará seguir su ejemplo.

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(Editado por mm/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.es)

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