«Para los no iniciados, el mundo secreto es de por sí atractivo», escribió Le Carré en La chica del tambor. «Girando sobre su eje, puede atraer hacia su centro a los débilmente anclados».
A pesar del atractivo, no hay mayor riesgo para el legado de un líder que la ineptitud de sus gestores de inteligencia (basta con preguntar a George W. Bush o a Tony Blair).
Por todo ello, los planes de la Comisión Europea de crear una «célula de inteligencia» resultan especialmente desconcertantes. En su boletín interno del lunes, la Comisión lanzó la idea de contratar agentes «de dentro de toda la comunidad de inteligencia de la UE» para crear un pequeño servicio secreto.
No está claro qué motiva esta última ocurrencia de Ursula von der Leyen. Tal vez se sintió envalentonada por el éxito de su equipo al hacer desaparecer sin dejar rastro sus mensajes de texto con el director general de Pfizer. O quizá esté aburrida de sus otras «audaces» iniciativas recientes: una nueva «Bauhaus europea», la «iniciativa de los pequeños coches asequibles» o «el primer plan europeo de vivienda asequible».
Sea como fuere, lo más probable es que la célula de inteligencia de la Comisión corra la misma suerte y caiga pronto en el olvido. La UE no solo cuenta ya con una amplia red de inteligencia entre sus 27 miembros, sino que también tiene un coordinador central: Washington.
Durante décadas, Estados Unidos ha actuado como principal coordinador de los servicios de inteligencia europeos, liderando el esfuerzo por compartir y evaluar la información, mucha de la cual procede del propio país.
Aunque la mera mención de la CIA o la NSA hace que muchos europeos se estremezcan, la fría realidad es que sin Estados Unidos, Europa estaría ciega. Lo que a menudo no se dice cuando los líderes europeos hablan de la dependencia del continente de Estados Unidos en materia de seguridad es que gran parte se produce en forma de intercambio de inteligencia. EE.UU. gasta más de 100.000 millones de dólares al año en recopilación de inteligencia, exponencialmente más que todos los países de la UE juntos.
Sin embargo, Europa es una clara beneficiaria. A finales de 2021, fue la inteligencia estadounidense la que alertó a Europa de la inminente invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. A lo largo de los años, la inteligencia estadounidense ayudó a Europa a frustrar numerosos ataques terroristas, incluido un atentado planeado en 2018 contra un mitin cerca de París por agentes iraníes.
Por qué complicar aún más esa cooperación incorporando otra agencia de inteligencia -perdón «célula»- en el mix actual? El único efecto tangible que tendrá el plan de Von der Leyen es proporcionar a los extremos políticos más materia prima para sus burdas teorías conspirativas sobre un «superestado» europeo.
Que Von der Leyen y sus asesores no vean esa realidad es una prueba más de que se trata de la persona equivocada en el momento equivocado para dirigir la oficina más importante de la UE.
Mientras Europa se hunde cada vez más en el estancamiento económico, lo que necesita del ejecutivo es que cumpla su misión principal, no una misión secreta: me vienen a la mente un mercado único que funcione mejor y una unión bancaria y de mercados de capitales.
No necesitamos «inteligencia» para reconocerlo.
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(Editado por Luis de Zubiaurre/Euractiv.es)
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