De IRIS² a Starlink: ¿cuáls son las megaconstelaciones de satélites?

Bruselas (Euractiv.com) – Puede que todas emitan servicios de Internet desde el espacio, pero equiparar los servicios por satélite de empresas como Starlink, propiedad de Elon Musk, OneWeb, de origen franco-británico, o IRIS², de la Unión Europea (UE), es como comparar una cadena de moda rápida, una tienda de ropa vintage y una boutique de lujo.

Las megaconstelaciones -que pueden estar formadas por cientos o incluso miles de satélites- son una fuente cada vez más viable de conectividad en todo el mundo, especialmente en zonas remotas o poco pobladas.

Al mismo tiempo, los servicios de Internet por satélite en Europa -como la futura red IRIS² y la permanente OneWeb- suelen compararse, erróneamente, con el Starlink de Musk.

En los últimos años, la guerra de Ucrania también ha puesto de relieve la importancia de la conectividad espacial en regiones afectadas por conflictos, lo que subraya la relevancia geopolítica de las megaconstelaciones.

Los satélites de banda ancha rara vez funcionan a pleno rendimiento, ya que la mayor parte de la población mundial vive en una pequeña fracción de la superficie terrestre, lo que significa que los satélites operan con frecuencia sobre zonas deshabitadas.

Aunque los operadores pueden compensar la infrautilización mediante estrategias como la cobertura selectiva, los contratos empresariales y la concentración en zonas con gran demanda de banda ancha rural o remota.

El resultado es un abanico de operadores más amplio de lo que cabría imaginar.

Starlink y Kuiper: las «cadenas de moda rápida»

Las estadounidenses Starlink y Kuiper son el equivalente espacial de las cadenas de moda rápida: su modelo de negocio se basa en lanzar muchos satélites de bajo coste para conseguir una presencia global.

La constelación de Starlink cuenta con más de 8.000 satélites en servicio, mientras que la de Kuiper es mucho más dispersa y sólo cuenta con algo más de 100 satélites en la actualidad.

Ambos sistemas de satélites tienen una vida útil de entre cinco y siete años antes de quemarse al reentrar en la atmósfera terrestre, por lo cual hay que seguir lanzando satélites para mantener las constelaciones, lo que resulta muy costoso.

Starlink reduce costes gracias a la integración vertical de SpaceX, que diseña y fabrica los satélites internamente y los lanza con su cohete Falcon 9 reutilizable. Kuiper, filial del gigante estadounidense del comercio electrónico Amazon, trata de lograr economías de escala similares construyendo sus propios satélites, con el objetivo de su empresa matriz de impulsar el acceso a la banda ancha para impulsar el crecimiento de su mercado en línea.

Kuiper depende de proveedores de lanzamiento externos, entre los que se encuentran, hasta ahora, Arianespace, ULA y SpaceX. De cara al futuro, los costes de lanzamiento podrían reducirse significativamente una vez que Blue Origin -la empresa espacial privada de Jeff Bezos- consiga hacer reutilizable su cohete New Glenn.

Pero a pesar de la conexión con el fundador de Amazon, Blue Origin y Kuiper siguen siendo empresas separadas, a diferencia del modelo de integración vertical de SpaceX-Starlink.

Según señaló Antoine Lebourgeois, analista de la empresa financiera Stifel, en un informe de mercado publicado en junio de 2024, Starlink y Kuiper «están a punto de convertirse en un duopolio gracias a su escala y ventajas competitivas sin parangón».

Sin embargo, la viabilidad económica no está clara, según Pierre Lionnet, veterano director de investigación del lobby espacial ASD-Eurospace, que pone en duda la rentabilidad a largo plazo de Starlink. La estrategia de Musk de añadir continuamente satélites para aumentar la velocidad en zonas congestionadas no es sostenible, argumenta, al tiempo que señala que los costes de lanzamiento siguen siendo fijos.

La rentabilidad de Kuiper es aún más incierta porque depende de cohetes de terceros para los lanzamientos, según explica Lionnet a Euractiv. El experto vaticina que no podrá igualar las tarifas de suscripción más bajas de Starlink sin incurrir en pérdidas significativas.

Starlink y Kuiper parecen decididos a hacerse con una gran cuota de mercado a cualquier precio, incluso desde el punto de vista medioambiental. Aunque los cohetes reutilizables son más sostenibles que los de un solo uso, el funcionamiento de enormes constelaciones que requieren lanzamientos continuos genera una importante huella de CO2.

Eutelsat, SES, Viasat: las «tiendas de época»

SES (Luxemburgo), Eutelsat (Francia-Reino Unido) y Viasat (EE.UU.) son operadores de satélites tradicionales que se enfrentan a la disminución de los ingresos procedentes de los satélites geoestacionarios (GEO) que orbitan a 36.000 km. En respuesta, se están orientando hacia los servicios de Internet por satélite, normalmente dirigidos a nichos de mercado como la aviación, el transporte marítimo, la administración pública y la conectividad rural.

El trío tiene dificultades para competir con constelaciones estadounidenses de órbita terrestre baja (LEO) como Starlink y Kuiper, que operan por debajo de los 1.500 km y ofrecen una latencia mucho menor y velocidades más rápidas. Sólo Eutelsat, a través de OneWeb, está presente en LEO con una flota de 600 satélites.

Sin embargo, OneWeb no se beneficia de las economías de escala de que disfrutan los competidores estadounidenses: sus satélites y terminales son fabricados por proveedores externos. Además, Eutelsat no está desarrollando su propio lanzador reutilizable, por lo que no puede competir con Starlink y Kuiper en precio.

A pesar de sus costes significativamente más elevados y de sus terminales más grandes y menos portátiles, OneWeb es visto por las autoridades europeas como un posible respaldo a Starlink -para las operaciones militares de Ucrania- en medio de la creciente preocupación por los empeños políticos de Musk y sus declaraciones, que ponen de relieve los riesgos de la dependencia de Starlink. Pero OneWeb no puede igualar las velocidades de Starlink para los civiles, lo que limita su utilidad como sustituto de la infraestructura de telecomunicaciones dañada por los ataques rusos.

En general, el trío exhibe un aire de glorias pasadas ya que esas empresas de televisión por satélite, antaño populares, trabajan para reposicionarse y actualizar sus ofertas para una era dominada por Internet. Pero vender Internet por satélite con un atractivo nicho (y, esperan, económicamente sostenible) podría darles un nuevo caché, lo que les valdría la comparación con las tiendas vintage.

IRIS²: la «boutique de lujo» de la UE

IRIS² de la UE es un proyecto puntero de comunicaciones seguras por satélite, comparable a la Arquitectura Espacial de Guerra de Estados Unidos, el programa estadounidense para una red estratificada de satélites militares.

IRIS², que entrará en funcionamiento en 2030 con una flota de 290 satélites, está diseñado para proporcionar comunicaciones seguras a los Jefes de Estado, ministros, agencias de inteligencia y fuerzas militares de la UE. Si se tratara de una marca de moda de lujo, la  colección inicial de IRIS² tendría mucho de militar chic.

Sin embargo, como suele ocurrir con las iniciativas de la UE, el alcance del proyecto se ha ampliado para incluir el suministro de conectividad a zonas remotas y permitir la comercialización mediante concesiones a operadores privados.

La UE también ha abierto IRIS² a socios afines: Está previsto que Islandia y Noruega se unan pronto. En ese sentido, el Comisario Europeo de Espacio , Andrius Kubilius, declaró recientemente a Euractiv que también daría la bienvenida al Reino Unido y Ucrania. Así pues, el proyecto está dejando de ser un club exclusivo de la UE.

Aun así, la comparación con el lujo refleja que IRIS² se centra en las comunicaciones seguras para los gobiernos. De ahí que recurra a equipos de última generación con funciones de futuro, como el cifrado poscuántico. Además, el enfoque multiconstelación de la megaconstelación se considera más sostenible, ya que reduce el riesgo de colisión entre satélites y aumenta la resistencia y la redundancia.

IRIS² es desarrollando por un consorcio de operadores de satélites europeos, entre ellos Eutelsat, SES e Hispasat, con participación en LEO, MEO e infraestructura terrestre. Al apoyarse en operadores europeos consolidados, el proyecto pone de relieve su carácter «made in Europe», al tiempo que pretende repartir los costes y mejorar los aspectos económicos.

«Esta constelación europea permite a los operadores europeos más pequeños contar con una infraestructura compartida, poner en común sus recursos y beneficiarse de economías de escala», explica Lebourgeois a Euractiv. «En mi opinión, es la única forma viable de que puedan competir contra gigantes como SpaceX y Amazon», agrega.

La futura constelación IRIS², con su énfasis en la tecnología militar de vanguardia -y la dependencia de los lanzadores soberanos (pero costosos) de Arianespace- tiene un precio elevado de 10.600 millones de euros, lo que merece la comparación con una boutique de lujo «made in Europe». Incluso cuando la creciente inestabilidad geopolítica implica que invertir en una nueva constelación soberana para unas comunicaciones europeas seguras no es un mero lujo.

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(Editado por Victoria Becker/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)

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